El asalto a una sucursal del banco Ademi en la comunidad de Jeremías, La Vega, eleva la alarma sobre la propagación de la criminalidad y la delincuencia que tiene la nación en ascuas. El asalto, durante el cual los participantes hirieron a un vigilante y cargaron con una cantidad indeterminado de dinero en efectivo, es parte de la ola de ratería y de robos que han sembrado el miedo en la población.
La delincuencia demuestra que no se detiene ante ninguna posibilidad, en tanto los operativos y los propios métodos de la Policía parecen insuficientes para restablecer la seguridad ciudadana y el orden público.
El asalto en la sucursal bancaria se cometió a la 1:30 de la tarde, o sea prácticamente a la vista de todos.
El asalto es un eslabón de una larga cadena de actos delictivos que han puesto a prueba la capacidad tanto de la Policía como de las autoridades en la lucha frente al crimen. Por ahora la Policía se ha enfocado en los motoristas, pero el clima se ha descompuesto de tal manera que la gente duda hasta de su propia sombra.

