Decía el pensador Jorge Luis Borges que nadie es la patria, sino lo somos todos, donde arda mi pecho y el vuestro incesante, ese límpido fuego misterioso. Hemos estudiado los sistemas políticos, modestia aparte, y ninguno es mejor que el demócrata y más cuando ya no se cultivan doctrinas ideológicas con la globalización, pero estando los políticos nuestros maduros, no podemos seguir alimentando petulancia hasta por televisión, contra cualquier ciudadano, institución y hasta con el presidente de la República.
Vi un chofer en días pasados sacando de un carro público a empujones con términos injuriosos a un pasajero porque ocupaba un taxi en una vía que supuestamente pertenecía a otro grupo sindical, y digo que así no podemos seguir, atropellando la democracia, y más cuando los demócratas debemos dar el mejor ejemplo de respeto, decencia, sensatez y seriedad para ser la diferencia y ayudar a concientizar padres de familia y sectores por la precaria educación que arropan a muchos, incluyendo políticos, y a frenar de alguna forma las contaminaciones que vienen sufriendo muchos de nuestros jóvenes relevos, con violencia y drogas cayendo en los peores delitos que mantienen padres y familias traumatizadas.
Así no avanzamos en democracia, porque hay normas y leyes, y son para cumplirlas. No sé, pero me perdonan por favor, pero como demócrata probado debíamos llegar a la propia dictadura de la ley, con reglas claras y leyes buenas, y más con precaria la educación de tantos.
Por otro lado, seguimos siendo un país visitado por millones de turistas y personalidades, atraídos por nuestras bellezas y chequeándonos como pueblo y consultándonos al máximo nivel como país, con un Jefe del Estado que ha sabido proyectar nuestras realidades con una política exterior moderna, enlazando el derecho diplomático con lo económico, consciente de que compitiendo podemos seguir ofertando inversiones y muchos productos a los mercados mundiales como el tabaco, café, cacao, bananos, flores y otros.
En definitiva, la posición que ocupamos como pueblo la veo positiva y optimista, pero como nunca demanda de nosotros los dominicanos unirnos para ayudar cada vez más a nuestros necesitados, a envejecientes y a jóvenes que necesitan manos generosas limpias y puras.
En conclusión no me sorprenden los movimientos en el exterior en regiones enteras buscando libertad y vida. Esos movimientos con fines democráticos procede apoyarlos, así como todo lo que signifique beneficiar a las mayorías que lo necesitan y más cuando se trate de movimientos para reformarse y superarse con reclamos justos en un mundo que busca superación, tecnicidad y avance y ningún sistema reitero es el mejor que el democrático, pero sin caos ni libertinaje.

