Viendo la situación actual de Venezuela, y lo mismo ocurre en otros países, que, en sus años de gloria fueron ejemplos de democracia, es, lo que se escucha con más frecuencia, que el mayor peligro de la democracia es llevar al poder a quienes no son demócratas.
Como indica el filósofo rumano Emil Ciorán, “la paradoja trágica de la libertad es que los únicos que la permiten no son capaces de garantizarla”. Ya hemos visto, que una de las formas de esa paradoja es que los grupos políticos que no creen en la democracia pueden conquistar el poder en unas elecciones legales.
Y cabe preguntarse, ¿debe considerarse democrática la elección de quienes perseguirán a los ciudadanos por creer de manera diferente de quienes gobiernan, impedirán los derechos de numerosos ciudadanos o impondrán de forma inapelable sus creencias y conductas, siempre que hayan llegado al poder legalmente? Esto es justamente lo que sucede en Venezuela, Nicaragua, y con el ojo avisor, en Bolivia y Guatemala. De igual manera, nosotros, los dominicanos, debemos vernos ante esos espejos.
Como dice Fernando Savater, “las decisiones democráticas son mayoritarias, pero no toda decisión mayoritaria es democrática. “ En el caso dominicano, por ejemplo, que es el país que más ha modificado la Constitución para reformar y permitir la reelección presidencial, es totalmente antidemocrático. Ninguna mayoría tiene derecho democrático a imponer la desigualdad política por ninguna razón.
La Carta Democrática Interamericana es muy clara cuando advierte, en su artículo Tercero: “Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.”
Países que antes eran joyas de la democracia, hoy, no lo son. La democracia está puesta a prueba, por la incertidumbre y el desasosiego. Si bien, estamos ante serios desafíos, no menos cierto es que la democracia es la única vía para tener eficacia política, y que ningún país goza sin democracia de verdadera prosperidad económica, desarrollo y estabilidad política.
La democracia es preferible a cualquier otro sistema de organización social, o como diría Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes.”

