La mancuerna entre Danilo Díaz y Luisín Méjía
El ministro de Deportes y Recreación Danilo Díaz se multiplica como si le siguiera los pasos a Luis Mejía Oviedo, el presidente del COD omnipresente en las competencias, ofreciendo de esa forma el calor oficial que merecen nuestros atletas.
El domingo pasado fue un buen ejemplo del introito de este comentario cuando se mantuvo hasta el instante final de la premiación de la Liga Superior de Voleibol Femenino y le alcanzó espacio para presenciar “in situ” el tiempo extra que jugaron Rafael Barias y San Carlos.
En días pasados ambos fueron vistos en el Palacio Nacional en el lanzamiento de las Olimpiadas Especiales y momentos después en el anuncio de los planes
de las Reinas del Caribe para el 2018.
Eso sucede cuando al frente de los organismos oficiales se designan o eligen personas con vocación para el ejercicio de las posiciones, en lugar de funcionarios que -aún actuando con honradez- se limitan al cumplimiento estricto de sus obligaciones burocráticas dejando a un lado el aspecto humano de su gestión.
El ministerio de Deportes y el Comité Olímpico Dominicano llevan en la actualidad unas relaciones armoniosas convenientes para la buena marcha de las federaciones, que son -con sus asociaciones- las organizaciones que mantienen el contacto directo y permanente con los atletas.
La presencia de sus cabezas principales en los principales torneos y eventos ofrece además del respaldo moral, la seguridad de que se camina en una misma dirección sin protagonismos individualistas o búsqueda de posicionamientos privilegiados en la escalera de la rectoría.
Al lado de su participación personal en las justas y torneos de importancia variada, les corresponde a ambos dirigentes el cumplimiento de una misión que estimo de urgencia indispensable en todo el andamiaje de nuestras estructuras deportivas.
Tanto Díaz como Mejía proceden del corazón mismo de las bases y poseen conocimiento directo de las carencias que padecen los deportistas y de las falencias que adolecen las entidades que agrupan a aquellos.
Está en sus manos paliar las dificultades por las que atraviesan los atletas y también enderezar institucionalmente los cuerpos gobernantes de cada disciplina a fin de que den cumplimiento cabal a sus obligaciones de velar por el manejo escrupuloso de los recursos -cuantiosos o insuficientes- puestos bajo su cuidado.
Proveer los fondos consignados en un presupuesto nacional injusto con un sector de tantas ramificaciones e influencias es la obligación oficial, y la administración meticulosa con rendición de cuentas incluida es la responsabilidad del receptor.
Es el gran reto que tienen ambos sobre la mesa. Celebrar las fiestas

