Loa tiranos dominicanos son inducidos a la muerte por agudas crisis depresivas que es un fenómeno psicológico vinculado con el aterrizaje de los sensores mentales profundos. que conducen a la decisión terrible de renunciar a la vida y optar por su conclusión, cuando no se vislumbra una luz en el túnel de superar las dificultades que en la mayoría de las veces, sus verdugos son sus propios protagonistas interiores.
Empecemos por el general Pedro Santana, esquirol del poder fáctico económico al nacer la República el 27 de febrero de 1844, es decir, los hateros del Este, y los depredadores de los bosques para exportar maderas (roble, caoba, guayacán), que eran los soportes de la incipiente economía epocal, concluido por los importadores.
El general Santana, en el ocaso de su existencia, se encontró con un cuadro deprimente, sin ejercer el poder, que fue el pivote de su cosmovisión, recluido en su hogar en la calle Isabel la Católica con Santomé, segundo piso, asistido el doctor Pedro Delgado en sus momentos postreros, en lo que fue el famoso restaurant El Mesón de Bari de los años 70, 80 y 90 del siglo XX.
Rechazado por los Restauradores que pusieron precio a su cabeza, desdeñado por España que aún dominaba sus tres últimas colonias en el Nuevo Mundo, el Mayoral de El Prado sufría el despojo del poder, y se desvanecía en los delirios del apogeo del mando, en evocaciones lamentables que pronunciaba incoherente, como rezos de ultratumba.
En esos devaneos le atenaza la parca, cuando se veía como el fantasma del protagonismo de otroras jornadas históricas en Las Carreras, la acción proditoria de la anexión de la incipiente República a España, y las desconsideraciones al “Marqués de las Carreras” que apañó Su Majestad, la bella reina Isabel II de España.
José Miguel Soto Jiménez, miembro de número de la Academia de la Historia, describe magistral los síndromes depresivos de los tres terribles tiranos que hicieron del país cuanto les vino en ganas, vapuleando los derechos humanos, la disidencia, la tortura, la cárcel, el exilio y el cementerio, es decir, el general Santana, general Ulises Heureaux (Lilís), y el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo.
Los instantes postreros del general Santana son narrados por Soto Jiménez en su obra El Corrido de los Taitas musitando delirios; “Capitán, vaya usted con esas compañías, atáquelas y, si se rinden, no los mate”, un arranque profundo de piedad que sobreseyó fusilando a María Trinidad Sánchez, los hermanos generales José Joaquín y Gabino Puello, al general Antonio Duvergé, al general Francisco del Rosario Sánchez y a otros disidentes de su nefasta jornada en el poder.
Es la consecuencia psíquica de lo que Soto Jiménez describe como “la profunda estribación de sus derrumbes interiores”, evocando en el devaneo postrero “la gloria que, como la suya, sólo era víctima de sí mismo y del engendro maldito de sus equivocaciones”
El final de Lilís
El general Ulises Haureaux (Lilís), detentó el poder despótico desde 1882-1884 y 1887-1899, por 15 años, aunque se estima que su poder se inició en 1880, cuando derrocó al presidente Cesáreo Guillermo, y es la razón por la que se afirma que su rol hegemónico alcanzó 20 años.
Con el propósito de cubrir los excesivos gastos en que incurrió, asignando un presupuesto cada vez mayor a los servicios de espionaje, el presidente Heureaux inclusive redactó un temible código secreto, que disponían los gobernadores provinciales para actuar en relación a las ordenes impartidas por el déspota.
Fue el famoso Código de Lilís. Por ejemplo, Gafedad traducía hacer pasar por las armas a todos sus prisioneros sin excepción a nadie. Gaceta, suspenda usted el fusilamiento del reo o de los reos. Dálmata, inmediatamente arreste a…pónganle grillos.
El presidente Heureaux disponía de un servicio de inteligencia eficiente, amplio, tenebroso, disperso en todo los estratos de la sociedad dominicana, y cuando ingresó el 26-07-l899 a Moca y se dirigió al comercio de su amigo Jacobo de Lara, sabía que conspiraba para matarlo junto a Ramón Cáceres y su primo Horacio Vásquez, y ordenó a su escolta retirarse del lugar, é inclusive al general Demetrio Rodríguez, parte de su Guardia Presidencial le ordenó esperarlo en Estancia Nueva, en las afueras de Moca.
¿Porqué decide el presidente Lilís ingresar al lugar de los conspiradores desprotegido, a sus 53 años de edad?. Porque conocía que con el diluvio de papeletas falsas que imprimió para cubrir sus gastos excesivos, cuando ningún banco internacional le prestaba un céntimo por mala paga, despilfarrador y desorden administrativo, los cosecheros de tabaco del Cibao, que era la espina dorsal de la economía de entonces, que sustituyó a la economía hatera del Este luego de la guerra Restasuradora, estaban quebrados, la economía postrada y su fina intuición le hizo razonar que le pasarían factura, que estaba perdido y que lo matarían, y el poseso de la depresión le atenazó y le condujo al patíbulo en la tienda de Jacobo de Lara, donde éste le disparó una vez y Mon Cáceres cinco veces mas impactándole los seis tiros en el pecho, la cadera y el brazo izquierdo.
El gobernador militar de Santiago, general Pedro Pepín (Perico), confió al presidente Lilís los detalles de la conspiración y quienes la integraban.
El gobernante ignoró todos los informes confidenciales en relación a su seguridad física y su vida. Estaba marcado por un abisal estado depresivo.
El final depresivo del Rafael Leónidas Trujillo es por vía de consecuencia, producto de dos graves depresiones que le causaron primero cuando se percató de que su querubín amado, su hijo Ramfis, no disponía de condiciones ni como militar ni político.

