Opinión

Derecho de ciudad

Derecho de ciudad

La mitad de la población mundial vive en ciudades. En proporción similar se distribuye el número de dominicanos que reside en la zona rural y en los grandes centros urbanos.

Desde hace cien años,  las metrópolis se han convertido en aceleradas maquinarias productoras de grandes  riquezas y una apreciable diversidad económica, ambiental, política y cultural.

Pero tienden a promover desequilibrados modelos de concentración de beneficios, creando pobreza, marginalidad y exclusión.

Contribuye, asimismo, a la depredación del ambiente, acelerando  los procesos migratorios y de urbanización, la segregación social y la privatización de los bienes comunes y de los espacios de dominio público.

Esta realidad favorece el surgimiento del Derecho a la Ciudad, definido como el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad y justicia social.

El documento consagratorio de  la suma de derechos individuales y colectivos, ya reconocidos en tratados internacionales, contempla el Derecho a la Ciudad como la expresión fundamental de los intereses colectivos, sociales y económicos, en especial de los grupos vulnerables y desfavorecidos, respetando las diferentes culturas urbanas y el equilibrio entre lo urbano y lo rural.

Esta experiencia ha sido retomada de manera recurrente, formalizada en ocasión del Seminario Mundial por el Derecho a la Ciudad Contra la Desigualdad y la Discriminación, realizado durante el II Foro Social Mundial [Porto Alegre, enero de 2002].

Hacemos referencia de estos derechos a propósito de las elecciones de medio término para elegir a los síndicos municipales y regidores de todos los municipios y distritos municipales del país,

En Rayuela, ya Julio Cortázar había acuñado, hace casi medio siglo, una suerte de  “derecho de ciudad” oculto en las ambiciones de cada individuo de ser parte del paisaje urbano, de apuntalarse, acaso. -“¿Tu derecho de ciudad? Un dominio de ciudad, Tu resentimiento: una ambición mal curada”.

La poesía, infalible y profética,  anuncia los postulados que rigen la sociedad. Traza normas.

El “derecho de ciudad”

El Nacional

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