Este término se refiere al consumo innecesario, superfluo y sin fruto; se refiere a la forma en que ciertas calidades o cantidades de un objeto son perdidas o no vienen utilizadas. En particular, el término «derroche» se refiere a la utilización incorrecta o poco rentable de cualquier bien o servicio.
Traigo esa expresión, en razón de que este será mi último artículo correspondiente al año 2018 y quisiera dejar a mis lectores algunas reflexiones sobre este período en que mucha gente desordena su vida y entrega al derecho de diversas maneras.
Estamos claro de que en República Dominicana, por nuestra idiosincrasia cristiana, si hay una fiesta por excelencia, esta es la Navidad. Pero de esta época me preocupa el derroche de la gente; la mayoría compra cosas que no necesita: ropa, zapatos, alimentos, para pocos días después enfrentarse a su dura realidad.
Los dominicanos tenemos la tradición de distribuir entre nuestros vecinos, alimentos que terminan en el zafacón, porque precisamente ese día todo hasta el más pobre tiene un plato en la mesa. Esto es diferente a contribuir con la cena de alguien que no la tiene.
Se estima que el 15% de la producción de alimentos se pierde o desperdicia en América Latina y el Caribe, lo cual es un absurdo en una región donde 47 millones de personas que pasan hambre.
Si dividimos la cantidad estimada de alimentos que se pierde o desperdicia entre las personas que pasan hambre en América Latina la cuenta indica que cada persona podría contar con al menos 1 libra de comida cada día.
Además del derroche de alimentos del que hicimos referencia, la gente también derrocha amor, cariño, placeres, cosas que durante los restantes meses del año tienes ausentes.
Tristemente, muchas cosas suelen perderse entre movimientos y el bullicio. A veces está tapado por las decoraciones y regalos, las compras sin fin, y la cena de Navidad y su contenido.
Las festivas decoraciones, los deliciosos alimentos, los muchos regalos, caerán en el olvido la mayor parte de ellos, perdidos entre los recuerdos de muchas Navidades, de modo que cada cosa que haga piensa en el comedimiento. El mundo no termina con la Navidad.

