Varios diputados pidieron recientemente al jefe de la Policía Nacional darle para abajo a los delincuentes, es decir, ejecutarlos. Se trata de una solicitud vergonzosa, que ha repercutido internacionalmente, porque quienes elaboran nuestras leyes simultáneamente aprueban su violación.
¿Qué motivaría una petición de esa índole? Podría ser una forma de hacerse los graciosos, porque no creo que esos legisladores ignoren que la mayoría de las bandas delincuenciales tienen en su seno a miembros de la policía y de los institutos armados.
Sin pretenderlo, están pidiendo que los policías delincuentes se maten ellos mismos, que no es más que suicidarse. Un pedido similar se le pasa por alto a un ciudadano común, desconocedor de las leyes, pero nunca a nuestros legisladores. Bien harían en hacer una aclaración o una disculpa pública.
El desatino es mayor, porque se le formula la propuesta al jefe de una institución que, en término de deficiencia, ocupa los primeros lugares del mundo, conforme a organismos internacionales de investigación. Se trata de una institución desmoralizada, por constituir un componente significativo en el crimen organizado.
La Policía Nacional se ha hecho famosa por las ejecuciones de ciudadanos, la manipulación y la tergiversación de las informaciones. Una conducta criminal y mentirosa no se puede alimentar, formulando pedimentos desafortunados.
Se impone el adecentamiento de la Policía Nacional, como auxiliar de la justicia dominicana. Y abogar para que nuestra justicia deje de ser una compra venta, dotándola de jueces y fiscales con cierto concepto de la ética y busquemos las causas de la criminalidad para el planteamiento de reales soluciones.
No hay que crear nuevas leyes ni aumentar las penas, solo hay que dar cumplimiento a las vigentes. Una justicia llevada demasiado lejos puede transformarse en injusticia, dijo Voltaire. No aprobemos ejecuciones extrajudiciales y rectifiquemos pedidos desafortunados.

