Opinión

Desafueros haitianos

Desafueros haitianos

Hugo A. Ysalguez

Gran indignación e impotencia, ha provocado el secuestro de un grupo de dominicanos, encabezado por un grupo de prominentes médicos dominicanos, por parte de una turba de cobardes haitianos que ingresaron ilegalmente a nuestro territorio, frente a la actitud indiferente de algunos militares, encargados de vigilar la frontera.

El secuestro se registró en el municipio de Restauración, donde se inicia la carretera internacional, donde los delincuentes haitianos despojaron a sus víctimas de varios motores que eran utilizados para realizar turismo interno y otras pertenencias, acción vandálica que duró cerca de tres horas en medio de una gran tensión.

El acto de vandalismo concluyó cuando los secuestrados se hicieron pasar por norteamericanos en su propia tierra, pues los haitianos tienen el dominio de una amplia zona de la línea divisoria entre ambos países, franja que está totalmente desprotegida por la ausencia de una efectiva vigilancia de las fuerzas armadas.

Entre los raptados se encontraba el eminente médico cardiólogo, doctor Pedro Ureña, quien durante los recorridos que realiza en lugares apartados del país, les ofrece la oportunidad a personas pobres de recibir atenciones médicas a través de una fundación que preside, demostrando sus fibras humanas con los desposeídos.

El ministro de Defensa, Rubén Darío Paulino, había declarado recientemente que la frontera estaba resguarda por el reforzamiento militar, dispuesto por esa dependencia, afirmación que ha quedado desmentida por los desafueros de los haitianos que entran en el país como “perros por su casa”, poniendo en peligro la vida y las prioridades de los nativos que están impedidos de moverse en el terruño que los vio nacer.

Existe una inseguridad absoluta en la frontera, pues los militares de puestos allí, protegen a los haitianos en la comisión de tropelías contra personas indefensas, como ocurrió con el grupo de secuestrados que solicitaron ayuda a unos soldados y recibieron la indiferencia de estos, dejando su suerte en manos de unos turberos que exhibían machetes afilados y otras armas blancas, listos para descuartizar a sus rehenes.

Es preciso hacer hincapié en el hecho de que los haitianos son proclives a degollar a sus adversarios y mutilar los cuerpos de sus víctimas, conducta cruel y criminal que en el pasado aplicaron en una iglesia de Moca.

El Nacional

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