Mayor General, E.N. (DEM)
Cuán rápidamente desaparece todo.
En el mundo, los propios cuerpos;
en el tiempo, los recuerdos de ellos.
Cómo son todas las cosas sensibles,
y sobre todo las que seducen por el placer
o asustan por el dolor o las que
gritamos por vanidad.
Marco Aurelio.-
La facultad de poder enjuiciar, tal o cual hecho, y hacerlo dentro de un marco de respeto y sinceridad, es la clave para opinar con propiedad sobre un tema que se podría considerar vital para la naturaleza y la supervivencia del pueblo dominicano y poder defender ese criterio sin ceder un ápice en la defensa de lo que se cree.
¿De qué trata esta vez?. ¡De que le quieren dar en la madre a la Cordillera Central!. Quieren romper, sin que se les apriete el pecho, el corazón de la Isla. Así tan simple como eso. De ese modo han comenzado todas nuestras desgracias, partiendo de hechos expuestos supuestamente de buena fe, pero que siempre encierran muchos millones, pura coincidencia, digo yo.
Ante hechos vitales nos comportamos como una sucesión de hombres con pensamientos fugases y mediatos que sólo ven el momento, que no saben siquiera de sí mismos y mucho menos se detienen un momento a pensar en los que ya han muerto por una causa, y ni siquiera hablemos de molestarse por todos aquellos que vienen detrás y que pronto estarán delante.
A todo esto hay que añadir la limitante de muchos proponentes para trazar un límite a la imaginación de lo que se les ocurra y pena de aquél que suela tronar contra los despropósitos y flaquezas de aquéllos que se consideran por encima de todo y de todos, porque de seguro se verá menospreciado por unos y perseguido por otros, mientras la sociedad continúa entre abatimiento y decrepitud, hundiéndose en el fango, sin que aparezca un río de aguas cristalinas, de dignidad, que la limpie y regenere.
Quizás en esto estribe lo bueno de vivir en democracia, ya que esto último es inconcebible sin debates y contradicciones; por eso le quieren dar en la madre a la Cordillera Central, y por eso elevo mi grito al Cielo, armado sólo del honor, la virtud y el valor para ser transparente y llamar la atención al igual que lo hacen los proponentes. Sé que algunos nos tildarán de ser tontos o inocentes, aunque se muevan muchos millones y tanta gente seria propugnando por esto. Me niego a pensar que en verdad nos crean tontos, ya porque sean diestros en el ámbito del hábito de engañar, ya sea a sabiendas de que en este y todo el tiempo transcurrido La inocencia es un lujo que no se permite y del que te quieren despertar a bofetadas. Con o sin estos ingredientes, le quieren partir la madre a la Cordillera Central.
Hay que arrancar la máscara a los perversos negociantes contranatura que ocultan sus verdaderos propósitos con hipócritas poses que fascinan al incauto y al hombre revestido de buena fe. Por eso, en ocasiones me gusta darle flexión al infinitivo, sólo por molestar. Tú depredando, nosotros observando. Tú engañando y nosotros mirando. Tú secando y nosotros mojando.
Aunque no sé de qué vale decir esto si al fin y al cabo don Dinero siempre gana, porque la vieja, siempre fuerte y poderosa corrupción es lo máximo en efectividad para asegurar el éxito de toda propuesta criminal y sé que a fin de cuentas tendré que decir como Antonio Machado: Me llevaré los llantos de las fuentes, las hojas amarillas y los mustios pétalos. Y el viento huyó mi corazón sangraba Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?. ¡Nada será igual, cuando le partan la madre a la Cordillera Central!.
Ahora estamos en presencia de un silencio cómplice que sólo se romperá cuando el mal olor comience a salir y los puritanos, con gran y fingido pudor, pretendan con pañuelos de seda taparse la nariz, argumentando una inocencia extrema bajo alegatos baladíes, pretextando que la amenaza no fue precisa en su formulación o que lo que se dijo fue vago, ambiguo y sin sustentación alguna.
Esto equivale a decir que después de consumado el hecho, lloran como mujer cobarde y frívola lo que no supieron defender como hombres y ciudadanos honestos preocupados por las cosas importantes que aseguren el futuro del país y, aunque algunos pretendan hacerse los desentendidos, y a otros tantos se les presta atención por la razón que sea, aunque no se me preste atención al igual que a ellos, sólo digo, parodiando a José Hernández, en Martín Fierro, que mientras a otros les brotan las coplas/ como agua de manantial;/ pues a mí me pasa igual;/ aunque las mías nada valen,/ de la boca se me salen/ como ovejas del corral.
Considero que no es pecado insistir en que los principios de la acción son los fines por los cuales se obra, y que el hombre dominado por la ambición sin límites, cuyo razonamiento sólo es correcto en apariencia y concebido con la intención del engaño e inducir al error en el accionar de las personas, no siente la necesidad de elegir el bien y hace todo con la mirada puesta en un fin espurio, razón por la cual el vicio destruye todos los buenos principios que pudiera albergar su proposición.
Por todo lo anterior, es que digo que si en verdad te quieres unir, trabajar, intercambiar, desarrollar y progresar en un ambiente de seguridad, sin alterar el medio ambiente y que el turismo nacional y extranjero se desarrolle entre el Cibao y el Sur, la Carretera Internacional, mi hermano, ¡La Internacional, es la solución!. Claro, sin tantos millones que gastar y sin maltratar la Cordillera Central, entre el Norte y el Sur. ¡La Carretera Internacional es la solución!. ¡Sí Señor!.-
E-mail: rafaelpiloto1@hotmail. Com

