Opinión

Desatar abril

Desatar abril

La primavera dominicana de 1965  fue cercada por una poderosa fuerza militar externa: la de mayor dimensión y potencia de fuego existente en el mundo de entonces, el tristemente famoso Army estadounidense. La contrarrevolución imperialista, que dura ya 47 años, no fue solo presencia activa de tropas y agentes, sino también exterminio de revolucionarios/as, programas divisionistas, contrainsurgencia moderna, neotrujillismo, veneno mediático, mayor dependencia económica, drogas, MAAG, corruptela, droga …y, más tarde, FMI, BM, AID, neoliberalismo, privatizaciones…

 En lo político, el PRSC fue el primer instrumento de la corrompida y perversa partidocracia de la posguerra. Y luego los cogollos del PRD y el PLD, junto a una camada de renegados de las izquierdas, fueron cooptados para esos fines, en otra fase de la contrarrevolución, esto es, en plena era de la recolonización neoliberal.

 A lo largo de casi medio siglo, aquel abril esperanzador -en tanto revolución democrática-popular con fuertes tonos sociales- ha permanecido bloqueado, cercado, en prisión, atado por un imperialismo cada vez más decadente, que impone una dominación seudodemocrática, mafiosa, funcional al capitalismo en crisis.

 Esta fecha conmemorativa de aquella gesta coincide  con el tramo final de una campaña electoral entre dos factores (PRD-PLD-cúpulas) de la continuidad contrarrevolucionaria, por cierto muy maltrecha y chocada por la impronta continental hacia la nueva independencia y las transformaciones sociales, que encarna gran parte de sus ideales más allá de nuestras fronteras.

 Desatar aquel abril, desde la crisis que estremece al sistema dominante y el auge de la indignación latinocaribeña y global en marcha, enterrando las desesperanzas que entraña su prisión, recobra actualidad.

 Pero una actualidad que trasciende los viciados comicios del próximo 20 de mayo y sus posibles resultados (traumáticos o no). Que tendría que impugnar la trampa que ambas opciones conservadoras encarnan, procurando que el reclamo de una Constituyente Popular inspirada en la Constitución de 1963 y en los valiosos aportes del nuevo poder gestado durante la epopeya por su restablecimiento, se convierta en multitudinario y logre resquebrajar el prolongado y readecuado “estatus quo” de la posguerra

 Abrir las compuertas de abril implica proponerse refundar la república, sus bases constitucionales y decadentes instituciones. A lo Venezuela, Ecuador, Bolívar… pero con güira y tambora, con sabor criollo.

 Es la manera de crear lo nuevo, rompiendo los pilares de lo viejo.

El Nacional

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