Opinión

Desconcertados

Desconcertados

Las  estadísticas y las encuestas  son, como los desmemoriados y secretos censos poblacionales, “trampas de la fe”. De igual modo, los índices macroeconómicos servidos con urgencia por agencias  foráneas, refrendados (sin ver ni chistar) por los entendidos y simpáticos “magister” locales.

Se pretende que congeniemos con el propósito de “creer sin ver”, pero la esperanza radica en la crítica y la resistencia.

En nuestro país no hay reparo ético ni moral que sirva de muro de contención ante el descampado estructural que permanece habilitado en el plano de las instituciones y al interior de los organismos llamados a ser garantes de la fidelidad y la calidad de origen.

Por eso los dominicanos carecemos de fe, porque el presente se nos regala oneroso y ambiguo. La paradoja es que se condiciona el accionar, al denodado patetismo de la conformidad, porque nuestro inconsciente nos convence de que las cosas por sí solas hallarán su cauce.

Ese “síndrome de la verdolaga”, inquiere para su nacimiento, de  vasos comunicantes por cuyo través, las fuerzas imperantes procuran mantener su incidencia sobre un eje mediático  bien identificado. Es la razón por la cual  disponen de  abultados presupuestos para campañas aletargadoras (“motivadores” iba a escribir, pero erré en el tiro), con el objetivo de mover voluntades.

Por esto, algunos miembros de este clan, intentan “vender la idea” de que quienes osamos opinar, pasamos “a drenar” los intereses del hombre común, cuando, movidos por la incertidumbre, ponemos en tela de juicio la metodología de las entidades cuya finalidad no es dar al traste con todo lo que retrase el anhelado y merecido desarrollo del entorno.

Pero es que la realidad nacional se pone solita y desnuda en la balanza. No es que confundimos “escribir” por “fuñir”, es que los pillos y desalmados nos tienen “al salto de la pulga”; acorralados, deprimidos y desconcertados. Con el sólo predicamento del ejercicio del criterio como tabla de salvación ante esta sarta inmisericorde de mentiras en que ha devenido nuestra alucinada sociedad, en este hoy indigno sin identidad; reo de pesares, transfuguismo y cobardía.

La endecha del dominicano de hoy es la querella. A ella se suma el desenfado de los postulantes y el convencimiento secreto de que nada pasará si acaso ocurre el milagro de su procesamiento.

Dudamos de los registros sanitarios, de la titulación académica de los “perpetrantes”, de la codificación serial y de las fechas de vencimiento, de la “verdad” difundida y de las imágenes veneradas; porque los sustentadores no merecen nuestro crédito ni nuestra fe pública.

Así andamos. Miramos todo de reojo y respiramos desconcertados; ateridos al papel que nos ha legado la barbarie.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación