Opinión

Desconexión

<STRONG>Desconexión</STRONG>

El declive de su magia se inició cuando empezó a desconectarse de los soportes esenciales que la propiciaron. Esta sociedad se está transformando día a día. En ella, se tornan desfasados los mecanismos de dominación y persuasión que resultaban infalibles hace apenas unos años.

 Lo trascendente de ese agudo proceso de cambios es que lo vanguardiza la juventud, con esa carga irrefrenable de pasión que los seres humanos en esa etapa suelen adicionar a sus proyectos. Se ha empoderado de los mecanismos de la tecnología de la comunicación, convirtiéndolos en una poderosa herramienta al servicio de las tareas en las cuales depositan su fervor. Esa es una llama inextinguible.

 Las otras dos patas del trípode del cambio son las mujeres y un sector de la sociedad civil que se ha hartado de interactuar en un entorno que no respeta ni hace respetar sus más elementales normas de convivencia.

Eso explica la cantidad impresionante de grupos que se organizan para emprender acciones de reclamos ante una dirigencia social cuyos excesos ofenden las penurias que deben padecer las mayorías.

 Leonel Fernández hechizaba a esos sectores de la población.

Se vieron identificados con alguien que utilizaba su mismo lenguaje y dedujeron, por error comprensible, que a eso seguirían otras similitudes y, con ellas, la satisfacción de sus expectativas tantas veces postergadas.

 El tiempo ha transcurrido y con él las acciones, de mucho más poder que las palabras, y esos segmentos poblacionales han comprendido que las identidades no han trascendido los artificios del marketing político  y que continuar apostando en esa dirección es la forma más miserable de perder la ilusión.

 La contundencia de los cambios que se vienen operando, se ha manifestado en la oposición a la construcción de una cementera en las proximidades de Los Haitises y los resultados obtenidos con la firmeza de esa actitud; en la corriente de opinión creada a propósito del artículo 30 del proyecto de reforma constitucional que profundizaría la penalización del aborto; en el rechazo generalizado que concitó el indulto a Vivian Lubrano y en la indignación ciudadana por los casos de mal manejo de los recursos públicos.

Ante todos esos casos, el presidente ha debido intervenir, intentando revertir la avalancha desfavorable que han significado para su imagen.

Ha reducido el vendaval,  pero no ha podido detener el proceso de desconexión que se ha producido con sectores claves de la sociedad, y eso ha convertido su liderazgo en una penosa estampa del pasado.

El Nacional

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