No se distribuirá leche y jugo en las escuelas en lo que resta del presente año escolar. El ministro de Educación prefiere niños desnutridos y no muertos.
Se equivocaron quienes creían imposible que Melanio Paredes emitiera declaraciones más desafortunadas que las de octubre del año 2008, cuando dijo que no había planes para invertir los recursos que llegarían al Ministerio si el gobierno asignaba a la Educación el 4% del PIB, como establece la Ley 66-97.
Si no tiene información de que la desnutrición en un niño convierte en causa de muerte cualquier enfermedad curable, quizás también prefiere ignorar que no hay excusa para que, a estas alturas, las autoridades no sepan por qué cientos de niños se han intoxicado con el desayuno escolar.
En julio del año 2008, su antecesora Alejandrina Germán y el director de Información y Prensa de la Presidencia, Rafael Núñez (por orden de Leonel Fernández, obviamente), salieron en defensa de la empresa Ladom, ante la denuncia de la periodista Nuria Piera de que vendía para el desayuno escolar leche sin los nutrientes requeridos.
No han actuado con la misma agilidad para castigar a los culpables de la intoxicación de cientos de niños, y prefieren reducir a casi nada el desayuno, porque no les interesa el destino de los pobres.
Ante la declaración del Colegio Médico de que es cruel suspender la leche y el jugo, Paredes emite prefiere emitir otra penosa declaración, antes que reconocer que el desayuno escolar, como otros planes sociales, hace llegar millones de pesos a los bolsillos de ciertos funcionarios y envuelven, en consecuencia, intereses intocables.
En el año 2006, el 40.6% de las muertes infantiles que ocurrieron en el país fueron evitables, y muchas estuvieron ligadas a la desnutrición.
Melanio Paredes da la espalda a esta penosa realidad, mientras celebra la victoria electoral de su jefe político. Actúa con la caradura con que ha habilitado un ascensor para su uso personal en la sede de Educación… Andan de la mano la desnutrición y la muerte, y ocurre igual con la ilegitimidad y la indolencia.

