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Desobedecer para vivir

Desobedecer para vivir

Cuando tuve la posibilidad de conocer personalmente al presidente Abinader, en la entrega de la condecoración de Duarte, Sánchez y Mella, a mi esposo Fidelio Despradel, lo único que atiné a decirle fue ¡ni un paso atrás con las tres causales!, y él respondió con una gran sonrisa de niño bueno y dijo: ¡No se preocupe!
Regresé contenta a mi casa, porque por fin un presidente de la res-pública entendía que era absurdo que un grupo de diputados determinara la vida y muerte de millones de mujeres y niñas.

Yo sabía cuál era el tono cuando escuché a un señor diputado muy molesto decir: “Esas mujeres lo que quieren es matar muchachitos”, lo cual evidenciaba su absoluta ignorancia sobre nosotras mas allá del hecho de concebir; y la realidad de un país donde a “los muchachitos” los mata más la irresponsabilidad paterna, al concebirlos, y no acompañarlos en su desarrollo físico e intelectual, que la supuesta irresponsabilidad de sus madres.

En este tema hace tiempo que descarté el convencer a nadie, porque sencillamente no le otorgo a otros el poder sobre mi salud y vida, y mucho menos a un grupo que ha llegado al Congreso no necesariamente por su humanismo, sino en base a todo tipo de manejos políticos.

Y, (porque, como educadora, entiendo que si se quiere convencer a alguien se trabaja con la niñez y la adolescencia, porque después de adulto generalmente nadie se puede convencer de nada), lo que he hecho es estudiar la Constitución Dominicana en sus orígenes, cuando nuestro padre de la patria: Juan Pablo Duarte, la concibió.

Este “simple pedazo de papel”, como la definiera con brillantez el Dr. Joaquín Balaguer, se ha modificado en este país cada vez que ha sido necesario en el plano político, para habilitar reelecciones presidenciales; facilitar la explotación de las áreas verdes (caso del área protegida Manuel Aurelio Tavares Justo, en Santiago Rodríguez, donde aún esperamos la prisión de los responsables, que supuestamente autorizaron siete aserraderos dentro del bosque); o concesiones mineras; por eso nada justifica que no se pueda modificar el Artículo que define la vida “desde la concepción”, en un despliegue de espiritismo mal formulado que da risa.

Y por eso, como la Constitución no es tabla de Moisés, las mujeres tenemos el derecho a no hacerle caso y, contando con la combativa tradición de la Asociación Médica Dominicana y médicos amigos que siempre han ejercido la medicina con criterio, protegiendo la vida de los y las vivas, sencillamente iniciar una campaña de desobediencia civil, porque las leyes o nos sirven o las desechamos, y ese es nuestro derecho fundamental como ciudadanos.
Mujeres: ¡La desobediencia civil es un deber!

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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