Opinión

Déspotas de ayer y de hoy

Déspotas de ayer y de hoy

La asignación presupuestaria de ley para el sector Educación, es, a juicio de Leonel Fernández, una causa sin sentido; la desigualdad social y la imposición de la fuerza dirigiendo hacia los sectores más pobres el garrote y las balas, forman parte de lo  normal, y el uso del chantaje y el dinero para comprar lealtades y pagar activismo politiquero son prácticas “modernas”. ¿Se necesita otro elemento para definir un déspota?

En marzo de 1974, cuando Joaquín Balaguer anunció que “aceptaba” postularse para un tercer período consecutivo de gobierno, dijo que no podía alegar, como en 1970, que su obra  no había sido concluida, y prometió  un gobierno de transición. “En él deberán estar representados todos los grupos democráticos, no importa cuál sea su ideología, siempre que tengan verdadera vocación para la convivencia civilizada”. ¡Hipocresía y descaro combinados en un déspota del pasado reciente!

Leonel Fernández, busca,  en el discurso y en las poses de su viejo maestro, los recursos para justificar su aspiración de continuar en el Palacio Nacional después del 16 de agosto del año próximo.

 Al permitir que un grupo   (de legisladores por el clientelismo y el atraso político y de oportunistas por exceso de ambición y carencia de principios) organizara un acto para presentar dos millones de firmas (obtenidas mediante el engaño casi todas) solicitándole que se presente de nuevo como candidato a pesar de que la Constitución lo prohíbe, Leonel trata de convencer a la clase dominante de que su presencia en el Palacio imprime (ahora o después) a este sistema la apariencia de legitimidad que le sirve para perpetuarse.

   Los legisladores le devuelven el favor de haberlos llevado a sus curules utilizando los recursos del Estado, y cada uno de ellos garantiza la continuidad de su inserción en el sistema de privilegios (barrillito incluido) que administra Leonel.

Hoy, como en el pasado reciente, hay quienes hacen de pajes y quienes se autoproclaman reyes… Es la definición del autoritarismo… consustancial a la podredumbre, por supuesto.

El Nacional

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