Opinión

Después  de la Cumbre…

Después  de la Cumbre…

Podría ser temprana la pregunta, pero no improcedente: ¿Qué dirá Barack Obama en la VI Cumbre de las Américas? ¿Hablará en esa reunión Obama o lo hará, acaso, un sustituto  no  comprometido a sonreír ni siquiera para guardar las formas? Dado que no se ha fijado fecha ni lugar para la Cumbre, no es posible responder. Hay que decir, en presente, que el presidente de Estados Unidos aprovecha al máximo la situación en que parece tener permiso para emitir frases ambiguas, y, más importante aún, que no asumió compromisos puntuales con el cambio en la política de Estados Unidos hacia América Latina y en temas de interés común como la migración. 

Una de las frases ambiguas que pronunció Obama, es la siguiente: “Lo que demostramos aquí es que podemos hacer avances si estamos dispuestos a liberarnos de algunos debates trasnochados y de ideologías antiguas que han dominado y distorsionado el debate en este hemisferio por demasiado tiempo”.

¿Cuáles son los debates trasnochados? ¿Cuáles son las ideologías antiguas de las cuales hay que liberarse? ¿No reproduce Obama la más rancia carga ideológica cuando se refiere a Cuba? ¿Espera que se reconozca como cambio real su disposición a estrechar la mano del presidente Hugo Chávez, cuando al mismo tiempo sigue planteando que es necesario para Estados Unidos prescindir del petróleo de Venezuela o tenerlo a su disposición plena?

¿Qué contiene la llamada Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos, aprobada justo el 11 de septiembre del año 2001, sino un rosario ideológico en favor de la democracia representativa y del propio dominio colonialista?

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, definió a Obama como un hombre dispuesto a escuchar, pero dijo al mismo tiempo que sigue siendo el presidente de un imperio.

A las palabras de Daniel Ortega hay que añadir que Obama tampoco cuestiona la legitimidad del poder imperialista.

Por eso pone condiciones al levantamiento del criminal bloqueo contra Cuba. Por eso deja claro que tiene diferencias con gobernantes como Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales, y sigue manteniendo hacia el pueblo norteamericano su promesa de atraer a estos gobiernos a la “colaboración con Estados Unidos en asuntos difíciles”. ¿No son esos asuntos los que colocan a Estados Unidos a la cabeza de alguna de las cruzadas  que el mundo ha tenido que presenciar con estupor?

 La frase sobre debates  e  ideologías es ambigua, pero el contexto le imprime claridad. Evidencia que Obama no quiere hacer pronunciamientos que lo comprometan más allá de lo que, dentro de sus esquemas, considera prudente.

La ambigüedad resulta de un ejercicio de equilibrismo que comenzó a realizar antes de alcanzar la candidatura por el Partido Demócrata. Justo ayer, se refirió al  conflicto en el Medio Oriente haciendo el mismo ejercicio: dijo que quiere la paz y que espera señales de buena fe de ambas partes. ¡Después de la matanza en Gaza y del proyecto de destrucción de casas árabes en Jerusalén! Pide buena fe, pero tiene como jefe de gabinete a Rahm Enmanuel, que ha servido a Israel como soldado y agente de inteligencia?

¿A quién puede sorprender que Obama hable del mismo modo sobre el Hemisferio Occidental?

Al hablar de la VI Cumbre de las América, que Chávez propone que tenga como a La Habana como sede, es pertinente preguntar qué podría decir Obama, y, más aún, qué diría Estados Unidos como miembro de la OEA.

¿Acaso dirá que intentó mejorar sus relaciones con América Latina y gobiernos hostiles lo impidieron? ¿Hablará en pasado de un intento de cambiar de imagen?

 Mejor no hacer predicciones. Es improcedente, sí, renunciar a la lucha por la soberanía. Obama habla de cambio, pero intenta que sea reconocida la legitimidad del poder que representa. Hablando de antiguas ideologías, ¿en qué novedosa doctrina está inspirado semejante retorcimiento?

El Nacional

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