La semana pasada el Primer Ministro portugués, Antonio Costa, hizo un llamado para crear una especie de Unión Europea a dos velocidades, separando el bloque entre países que compartan una visión solidaria de la Unión y aquellos que lo ven como una unión económica.
No es la primera vez que una propuesta de este tipo se ha hecho en el pasado, pero muestra como se sigue profundizando la crisis política en la Unión en la medida que las respuestas a ciertas preguntas se siguen postergando.
La Unión Europea surge como la culminación de los acercamientos comerciales de los países europeos iniciados con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Como unión comercial ha sido el acuerdo más exitoso de su tipo, y uno de los pocos en lograr la libertad de movimiento de bienes, servicios, capitales y personas entre fronteras.
No obstante lo anterior, la unión se ha visto complicada en la medida en que ha ido dando pasos adicionales en su integración. Al establecerse la unión monetaria bajo el Euro, por razones políticas no se pudo lograr la unión fiscal, lo que hoy, a través de varios episodios como la crisis del 2010 y el coronavirus, viene afectando su sostenibilidad.
Los temores por los que en su momento no se logró la unión fiscal, son válidos e importantes. La unión fiscal difícilmente podría ser lograda sino se establecía una ruta definitiva hacia la unión política o el llamado “Estados Unidos de Europa”, que todavía muchos países en la Unión Europea rechazan.
Es en esa frontera entre el status quo vigente y la unión fiscal y política donde se encuentran las mayores diferencias entre los países europeos y los que motivan propuestas como la realizada por el Primer Ministro Costa.
Esto incidió en la pregunta sobre la creación de bonos de la Unión, incide en el establecimiento de un sistema de seguridad común y en la reforma de los órganos de decisión de la Unión Europea.
Pero estos problemas no son de ahora, ni fueron imprevisibles, esto era de conocimiento del liderazgo europeo al momento de establecerse la unión monetaria, y son preguntas que han dejado abiertas por demasiado tiempo y que ya empiezan a rogar respuestas.
El mundo se beneficiaría de una Unión Europea fuerte y estable y debemos propugnar por su unidad e integridad como fuente de desarrollo, equilibrio y paz para el resto de nosotros. Esta cuenta vocalmente con ese apoyo, y ya es tiempo de que los políticos en Europa empiecen a atender los problemas de la unión con soluciones definitivas y a largo plazo, y que no se siga prorrogando para que al final sea a las próximas generaciones a las que les toque recoger los pedazos.
Por: Orlando Gomez
orlando.gomez@gmail.com

