En cada discurso oficial, desde agosto del 2004, el presidente Leonel Fernández, al referirse al tema eléctrico, repite su mecánica: defiende la capitalización (¿descapitalización?) de la antigua CDE en 1999, culpa de todos los males al Acuerdo de Madrid (2001) y al final promete que bajo su reinado ocurrirá la magia: ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo.
O suceda como lo dicho en versos por Alexander Pope: «La Naturaleza y sus leyes estaban escondidas y ocultas por la oscuridad de la noche. Hasta que Dios dijo ´Hágase Newton´ y se hizo la luz.»
¡Y por ahí anda! Entre versos surrealistas y las tragedias de Shakespeare.
Pero, poco después de cada discurso, la gente despierta a la realidad, como dice la canción de Frank Sinatra, y año tras año el subsidio a la CDEEE sigue superando los mil millones de dólares, los apagones campean por sus fueros y el monto de la tarifa tiene a la población en un solo grito.
El propio mandatario dejo escapar un soplo de frustración cuando dijo: Estoy consciente que uno de los temas más escabrosos, que no ha encontrado una respuesta adecuada y definitiva durante los últimos 50 años, ( ), es el que se refiere al sector energético.
Pero, el presidente está en campaña electoral, y confía en que la política es espectáculo y que si las mentiras se dicen con fuerza y coro muchos votantes las creerán. Por ejemplo, según Fernández como consecuencia de la firma del denominado Acuerdo de Madrid, durante la pasada gestión gubernamental, ( ), se creó un desincentivo para nuevas inversiones en el área de generación.
Pero el Acuerdo de Madrid ocurrió en el 2001, y en el 2003 se inauguro la planta AES-Andrés de 300 MW y una inversión total de 450 millones de dólares.
La verdad es que lo que paralizó la inversión en generación a partir del 2004 fue el hundimiento de las distribuidoras durante el reinado de Radhamés Segura, cuando no bajaron las pérdidas del 40%.
Y, en un negocio en el que se pierde el 40%, nadie invierte. Sencillamente.

