Colapso eléctrico
En los últimos días, autoridades de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales, CDEEE, y analistas independientes han propuesto completar la privatización de las empresas generadoras de capital mixto Ege-Haina y Ege- Itabo, reprivatizar las distribuidoras y vender al sector privado las hidroeléctricas y las redes de transmisión. También proponen la integración vertical regionalizada en manos privadas.
Nada de eso es un pecado ni un despropósito por definición. En muchos países las reformas ha incluido la privatización de tales renglones y la integración vertical.
Pero, también, en otras naciones el sistema eléctrico funciona satisfactoriamente con desintegración vertical y con las redes de transmisión y las hidroeléctricas en manos del Estado; es decir, la fiebre no está en la sabana.
En América Latina abundan ejemplos en ambos sentidos.
Ahora bien, casi todos los estudios técnicamente consistentes sobre la crisis eléctrica dominicana han demostrado que su talón de Aquiles es el renglón de la distribución y cobro, y, además, su crónica debilidad institucional y de regulación. Las perdidas y el déficit de regulación han paralizado la inversión privada.
La reorganización de la distribución y cobro y la independencia política del órgano regulador son asuntos críticos para la sostenibilidad financiera de cualquier servicio público domiciliario basado en redes (electricidad, agua potable y comunicaciones).
Entonces, para no volver a fracasar en otra reforma, habría que encarar la regularización de las conexiones de consumidores, colocación de millones de medidores residenciales en todo el país, la inversión de millones de dólares en redes, contadores, transformadores, recursos humanos y otros soportes logísticos. Pero, esas inversiones sólo las harían las empresas, sean verticalizadas o no, si la regulación del Estado y el esquema de subsidios son sólidos y transparentes, capaces de garantizar la recuperación automática de las inversiones.
Y no es verdad, o al menos nadie ha demostrado, que para lograr esos propósitos tendríamos que privatizar las hidroeléctricas y vender las redes de transmisión.
Lo anterior significa que no hay que exagerar, que más vale ser comedido y preciso en la identificación de las causas y las soluciones.

