Nuestro sistema de segunda vuelta con un umbral de 50% para ganar las elecciones presidenciales ha operado como un poderoso estímulo para el clientelismo y la corrupción por parte del partido que gobierna y que pretende reelegirse.
Y a la oposición que busca subir al poder, ese balotaje la empuja a convertirse en un partido atrápalo todo y con identidad ideológica debilitada como consecuencia de la tortuosa ruta que ha de seguir para sumar desde abajo el 50%.
Contrario a lo que se decía, nuestro balotaje ha fortalecido el bipartidismo, porque el umbral es tan alto que los amarres clientelares que se hacen desde el poder con organizaciones minoritarias tienden a generar dos polos electorales poderosos hasta vaciar de autonomía real a las agrupaciones políticas que intentan desarrollar una opción electoral independiente de las hegemónicas.
Estas organizaciones alternativas, minoritarias, tienen votantes incondicionales, duros, pero en cantidades muy exiguas y que, conforme avanza la competencia electoral, tienden a alinearse con el polo de fuerza más cercano a sus aspiraciones e intereses coyunturales.
Al final, casi nadie deja nada para una hipotética segunda vuelta.
Es decir, a 15 años de su estreno en el país, el balotaje no ha hecho más fuerte al Partido Reformista Social Cristiano ni a la izquierda democrática, todo lo contrario.
Pero, el colmo de nuestro disparate político es el sistema de conformación del Congreso. Nuestro país es el único de América donde un partido de oposición saca el 43% de los votos congresuales y no consigue un solito senador. En España, el PP obtuvo el 45% de los votos y el PSOE 29%, pero quedaron con 136 y 48 senadores respectivamente.
Hace pocas semanas, en Argentina, Cristina Kirchner sacó el 54% de los votos y en el Senado su partido solo tendrá la mitad de los senadores. En Perú, Humala obtuvo el 51.4 %, pero solo tendrá 47 de 130 senadores y la oposición el resto. En Nicaragua, Ortega ganó con el 62% y tendrá 63 de 92 escaños.
Repito, el PRD obtuvo el 43% en el 2010, pero ningún senador ¡disparate!

