A pesar de sus esfuerzos, parece que la bomba eléctrica va a estallar en las manos del presidente Leonel Fernández. Entre los elementos explosivos se cita el hecho de que Edenorte, Edesur y Edeeste dejan de facturar y cobrar 1,090 millones de pesos mensuales, en promedio.
A estas pérdidas, originadas por la incapacidad operativa de las distribuidoras, les llaman subsidio. Para reducir ese déficit a niveles aceptables se requiere invertir cientos de millones de dólares en redes, transformadores, medidores, estafetas, subestaciones, vehículos…. Por ejemplo, las distribuidoras habían proyectado invertir 137 millones de dólares para el 2010, pero al mes de junio solo habían invertido 27.4 millones.
Es un cuadro dramático para cualquier grupo de empresas: mientras pierde miles de millones de pesos mensuales, tiene la necesidad de invertir decenas de millones de dólares cada mes para detener esa pérdida.
Y en ese trance, con el FMI vigilando y Petrocaribe en el piso, el gobierno le da vuelta a la tarifa a ver si saca del costado de la gente el dinero para cerrar tan grandes brechas.
Por otro lado, la demanda de energía eléctrica la real está creciendo a más de 5% anual y se va acercando peligrosamente a la oferta o capacidad instalada de generación. En los últimos diez años no se ha invertido un solo centavo en nuevas plantas, ni de parte del Estado ni del sector privado.
En materia de generación eléctrica, el gobierno, en seis anos, ni siquiera ha podido garantizar que se ejecute la reconversión de Cogentrix de gasoil a gas natural para inyectar al mercado casi 300 megavatios de bajo costo. Si lo hiciera, se reduciría el precio del kilovatio hora y pagaría menos subsidios. Pero, tampoco se han reparado las hidroeléctricas de Jigüey y Aguacate, dañadas desde el 2007.
Y, la autopista eléctrica de transmisión Santo Domingo-Santiago, iniciada en el 2004 para ser terminada en el 2007, todavía no la han concluido.
En resumen, mientras la crisis se agrava, el gobierno luce como un paralítico con una bomba en la mano: ni se mueve, ni la suelta.

