He sostenido en otras exposiciones públicas, que la educación en nuestro país es una gran mentira desde los pies hasta la cabeza.
Me refiero a lo que ocurre con el sistema de escuelas, liceos y universidades al cual accede la gran mayoría (más del 90%) de nuestros niños y jóvenes de escasos recursos.
En las naciones más avanzadas, las universidades son una especie de referente importante para los contenidos y calidad de la educación básica y secundaria. Tienen metas mínimas de calidad que determinan las posibilidades de aceptación y permanencia de los estudiantes.
Por lo general, su régimen de exigencias es innegociable y nunca se mueven hacia abajo, independientemente de la presión popular. Pero, ese patrón de calidad universitaria no viene de la nada, es, más bien, contraparte de algún propósito nacional de excelencia profesional e intelectual que promueve el Estado a través de políticas y mecanismos de control de calidad educativa.
En esa dinámica, aunque son diferentes, los niveles básicos y superiores de educación se influyen uno al otro.
Pero, en nuestro país esa interrelación ha sido negativa, debido a que un buen número de nuestras universidades ha movido sus exigencias académicas hacia abajo hasta colocarlas al alcance de unos bachilleres precariamente alfabetizados.
De ese modo, estudiantes que quedan en los últimos lugares de las pruebas y evaluaciones internacionales entran a alguna de nuestras universidades y se gradúan con honores.
Estos hechos revelan una gran complicidad entre los centros de educación superior y la pobrísima calidad de la educación básica. Pero, el Ministerio de Educación es parte del show, puesto que, para citar un caso, aplica unas ruidosas y costosas Pruebas Nacionales que nadie sabe para qué sirven.
De manera pues, que la crisis de la educación dominicana debería debatirse en su globalidad, puesto que, por ejemplo, nuestras facultades de humanidades gradúan centenares de licenciados en educación cuya preparación es tremendamente deficiente.
La verdad es que durante décadas hemos consumido cientos de millones de dólares para reformas curriculares y capacitación docente y el resultado ha sido que en calidad educativa estamos peor que antes.

