Opinión

Detalles: Creíbles y pacíficas

Detalles: Creíbles y pacíficas

Seguir promoviendo, mediante elucubraciones y subterfugios, que el Senado designe a militantes políticos partidarios como árbitros “imparciales” en la Junta Central Electoral (JCE) es, por lo menos, una irresponsabilidad.

Irresponsabilidad porque sería pavimentar la ruta hacia la incertidumbre política en el país. Entraríamos, con mucha probabilidad, en años de denuncias sistemáticas aquí y en el exterior; de piquetes y huelgas; y en la profundización de la mercantilización y atomización de nuestro sistema de partidos políticos a causa de los esfuerzos que se harían desde el poder – botín en manos – para dividir la oposición.

Por otro lado, algunos defensores de la “tierra arrasada” en la JCE y las Altas Cortes, simplifican la realidad y no se dan cuenta de que el campo político opositor en cualquier sociedad no solo se construye desde abajo, sino también desde arriba con los abusos del poder.

Por ejemplo, la enorme oposición que hoy tiene el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela no es fruto único del trabajo de las organizaciones opositoras, sino también la consecuencia de medidas y políticas desafortunadas, impopulares, impuestas desde el gobierno y que le fueron alejando importantes capas sociales que inicialmente simpatizaban con Chávez y su proyecto.

De igual manera, algunas políticas bolivarianas estimularon a que sectores sociales y económicos influyentes, inicialmente dispersos y conservadores, pasaran a actuar de manera coordinada y militante en contra de Maduro, dentro y fuera de Venezuela. Todas esas coincidencias, abonadas en lo económico por los efectos terribles de la caída drástica de las rentas petroleras, y amplificadas – ¡es verdad! – por los medios al servicio de intereses geopolíticos del “imperio”, han hecho de la oposición venezolana un verdadero Tsunami político.

Santo Domingo no es Caracas, pero acorralar a la oposición política e imponerle a la sociedad dominicana una JCE unilateral, politizada y sin prestigio, perfil ya ampliamente rechazado por todos los sectores sociales y las iglesias, sería una manera eficaz de ayudar a ampliar el abanico de oposición al gobierno de Danilo. Sin una JCE imparcial no habrá elecciones creíbles, ni pacificas. La paz conviene a todos.

El Nacional

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