Opinión

Deudas para pagar deudas

Deudas para pagar deudas

Endeudarse para pagar deudas no es nada especialmente extraordinario. Estados Unidos debate actualmente sobre incrementar el límite de su deuda pública para poder seguir pagando las deudas que ya tiene. Europa tiene una crisis de deuda soberana porque algunos  de sus países no pueden seguir endeudándose a bajo costo para pagar las deudas que ya tienen. República Dominicana no es ajena a esa realidad. La diferencia está en que, contrario a los anteriores, puede que a nosotros nos convenga hacerlo ahora. No significa, sin embargo, que debamos dar rienda suelta a irresponsabilidades.

 Parece una historia de siglos pasados, pero hace menos de ocho años la República Dominicana tuvo que reestructurar su deuda con el Club de París, lo que directamente significa que entró en una cesación de pagos técnica (lo mismo que tiene en pánico al mundo con Grecia). Parte de las condiciones de esa reestructuración fue precisamente la supervisión del FMI.

 Una de las cosas que produce una cesación de pagos es la exclusión automática de los mercados mundiales de bonos, no poder acceder a crédito de parte de inversionistas institucionales y depender casi exclusivamente de los organismos internacionales de crédito (el FMI o el Banco Mundial)  e inversionistas aventureros que buscan grandes retornos a cambio de prestar a países de alto riesgo.

 Bajo la supervisión del FMI la República Dominicana ha logrado recuperarse hasta el punto de nuevamente colocar bonos en los mercados internacionales, obteniendo por ellos tasas aceptables a pesar de una calificación crediticia aún cercana a “basura”. En contraste, Argentina que tuvo una cesación de pagos en el 2001 y rechazó la intervención del FMI, todavía hoy no puede acceder a esos mercados y paga intereses excesivamente altos por sus deudas.

 Durante los años subsiguientes a la crisis del 2003, salvo por Petrocaribe y los desembolsos del FMI, el Estado dominicano debió endeudarse a tasas sumamente elevadas con los pocos inversionistas privados que se dieron a la aventura. Hoy, en capacidad de adquirir mejores condiciones crediticias, no solo “endeudarse para pagar deudas” o reestructurar parte de su deuda pareciere lo sensato, sino lo más sano.

 Pero lo anterior no significa que debemos olvidar la lección de Grecia. Ese país vio las tasas en sus bonos soberanos desplomarse al  entrar en la zona euro, y no se limitó a reestructurar su deuda, accedió en exceso a la emisión de bonos soberanos para promover su crecimiento interno y un Estado social de beneficencia hasta degenerar en el cáncer crediticio que afecta a Europa hoy.

Si bien por el momento la deuda externa no debe movernos a mayores preocupaciones, no deja de ser cierto que el Estado dominicano debe aprovechar la actual coyuntura para una reestructuración y evitar sobreexponerse a cualquier shock interno o externo en el mediano plazo. Desmontar el subsidio eléctrico, replantear su sistema tributario y su gasto para tender a reducir su propia de demanda de dólares a futuro y donde se fomente un más amigable clima de negocios para inversionistas locales y extranjeros que motorice la creación de empleos y el mejoramiento de  salarios en el sector privado, parecieran ser las metas inmediatas.

El Nacional

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