Opinión

Día de las Maestras

Día de las Maestras

En nuestro país, desde 1939, el 30 de junio es el Día del Maestro, dedicándose la fecha a la exaltación de la figura de quien dedica su vida a la enseñanza a través de la docencia en las clases, siendo mujeres la mayoría abrumadora que ejercen esta función.

El lenguaje y sus discriminaciones, olvida a las mujeres maestras en el discurso y acomoda el genérico afán de un sujeto masculino para representar al colectivo que no cuenta con muchos hombres y tiene perfil femenino.

No hablamos de profesores y docentes que se desenvuelven en las tantas instituciones y/o empresas de la enseñanza secundaria y terciaria, con compensaciones salariales inadecuadas y por horas, que son el completivo de muchos hombres y mujeres que ejercen otros trabajos al mismo tiempo.

La maestra que quisiera recordar hoy, se parece mucho a Ercilia Pepín, Salomé Ureña, Abigail Mejía y en nombre de ellas, a muchísimas más que se distinguieron aquí en el siglo pasado y también en este, es decir, mujeres que alfabetizaron para la libertad y la autoconciencia humana, siguiendo líneas de pensamiento progresista.

Aún quedan maestras de este talante. Son como flores que nacen en los vertederos de la basura: mantienen posturas altas, siguen teniendo ideales, sueñan y creen que se puede. Todo esto a pesar de que la institucionalidad ganada para la educación, sea más bien fracasada, esté enredada con la política partidista y su clientelismo, se olvide de la niñez y también de ellas,

Estas maestras, altruistas y desinteresadas, se pierden en un sistema de educación no inclusivo y por lo tanto, a reconocer de manera diferenciada, los problemas básicos de las niñas y los niños, escolares dominicanos/as que se van embruteciendo más y más cada día por falta de correspondencia entre las desfasadas currículas y su propia realidad de violencias de género en la familia, en la calle, en la misma escuela, violaciones y embarazos forzados y a destiempo.

Un sistema que prefiere la callada por respuesta frente a las maestras, al alumnado y al país; que asegura su mediocridad a partir un complicado organigrama súper abultado de personal y poca experticia; adulador de los poderes establecidos por el esquema tradicional y patriarcal, incluida la iglesia de Roma.

Las dominicanas, maestras incluidas, hemos sido abandonadas por el statu quo que se mantendrá rezando padres nuestros en voz alta, mano agarrada unos con otros, en las catedrales, en tedéums y bendiciones políticas y decidido a contarnos solo para el voto!

El Nacional

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