Al aceptar un representante de Estados Unidos como testigo de su diálogo de paz con el Gobierno de Colombia, las FARC evidencian que es en serio su intención de deponer las armas.
En otros tiempos ni siquiera Cuba hubiera aceptado la presencia de un testigo estadounidense en su territorio y menos en el diálogo entre la guerrilla y una misión de alto nivel de la administración del presidente Juan Manuel Santos. Pero las FARC han saludado la presencia del enviado Bernald Aronson, un experto en asuntos latinoamericanos. La distensión entre Estados Unidos y Cuba, que se abocan a restablecer sus relaciones diplomáticas y comerciales, ha sido clave para la designación de Aronson como testigo del diálogo que se celebra en La Habana.
Nadie lo ve como espía ni nada que se la parezca, sino como un facilitador de las conversaciones para que la guerrilla y el Gobierno colombiano lleguen a un acuerdo de paz. Con su aceptación, las FARC ofrecen una encomiable demostración de madurez.

