Lo más relevante que se tiene conocimiento en la dinámica de las relaciones dominico-haitiana ha sido la estrategia conjunta anunciada por los ministerios de Salud de ambos países para frenar el auge de la tuberculosis, claro indicador de carencia de voluntad política para activar nexos de mutua cooperación.
La incidencia de la tuberculosis, generada básicamente por la pobreza y la marginalidad, se ha reducido de 60 a 45 por cada 100 mil habitantes, lo que se atribuye al esfuerzo de autoridades haitianas y dominicanas, experiencia que debería extrapolarse a otras áreas de interés, como la migratoria y la fitosanitaria.
La Comisión Binacional Dominico-Haitiana no ha vuelto a sesionar a pesar de que una amplia agenda de proyectos y compromisos comunes aguardan para ser considerada por los dos gobiernos, lo que hace pensar que en términos de cooperación Santo Domingo y Puerto Príncipe se ubican en las antípodas.
El tema migratorio debería ser objeto de un mayor abordaje entre las dos naciones, que además están compelidas a aunar esfuerzos para reclamar que la comunidad internacional cumpla su compromiso de ayudar a impulsar el desarrollo de Haití.
República Dominicana, por su lado, debería reflejarse en el espejo de las caravanas de inmigrantes centroamericanos que se intentan llegar a Estados Unidos a través de la frontera con México, lo que ha obligado al presidente Donald Trump a movilizar más de cinco mil tropas para detener a esos indocumentados.
Se ha dicho que el presidente Trump emitiría un decreto ejecutivo para despojar de la nacionalidad estadounidense a hijos de indocumentados, medida que aplicó en República Dominicana el Tribunal Constitucional basado en una interpretación de la Constitución, aunque obligó al Estado a regularizar la situación migratoria de los afectados.
Haití dispone apenas de menos de un 1% de sus bosques primarios, al punto que sólo ocho de sus 50 montañas más altas conservan su foresta primaria, un motivo esencial para que desde República Dominicana se promueva un tipo de diálogo constructivo que evite la expansión de esa tragedia ambiental.
Además de aplicar sin reservas la ley de control migratorio y de blindar el territorio al ingreso de enfermedades sanitarias y fitosanitarias, el Gobierno dominicano esta compelido a promover diálogo fluido y permanente con Haití, basado en la cooperación, iniciativas conjuntas y respeto mutuo

