Sin pretender analizar la crisis financiera local e internacional, deseo transmitir a mis lectores la experiencia vivida en Argentina en 1981, mientras me encontraba realizando entrenamiento en endocrinología. Para ese año, el presidente de la Junta Militar gobernante y líder de la cúpula militar, Jorge Rafael Videla, acogiendo las recomendaciones de su ministro de Economía José Alfredo Martinez de Hoz, graduado con honores PhD en economía en la universidad de Oxford, decidió aplicar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) lo que equivale para nosotros el ITBIS – a los productos de la canasta familiar, para dominar a corto plazo lo que Martínez de Hoz llamó tres incendios: inflación, deuda externa y la recesión.
Recuerdo aquella noche de febrero del 1981, cuando Martínez de Hoz, con un lenguaje que se daba a entender y aceptar por el más cauto de los ciudadanos, comunicaba las medidas financieras que se aplicarían a partir del día siguiente por decisión expresa de la Junta Militar.
Mi apreciación de este discurso como extranjero y por el diálogo con amigos argentinos esa misma noche, fue que, desde el punto de vista teórico, sonaban bien las propuestas de los conceptos emitidos por el ministro de económica, con tal de salvar al país de esos tres incendios.
Sin embargo, al iniciar la aplicación de las medidas económicas anunciadas al día siguiente, bajé del apartamento donde vivía a comprar los alimentos rutinarios de la dieta hogareña en el colmado frente al edificio (pan, leche, algunos kilos de carne, frutas, quesos) y, para mi gran sorpresa, tuve que hacer una cola de media cuadra antes de llegar al dependiente.
Sorprendido y de manera discreta por el régimen de fuerza que gobernaba, les pedía explicaciones a los argentinos que me acompañaban en la cola de porque esa anómala situación, si el día anterior pude hacer mi compra en el mismo lugar sin ningún problema, ¿a qué se debía esa situación?
Mirá vos, después del discurso de anoche del ministro Martinez de Hoz, los empleados tienen que aplicar el IVA a cada producto que venden, porque, de no hacerlo, la dirección del Impuesto sobre la Renta se lo cobraría a ellos, me comentó un argentino en su típico lenguaje.
En marzo 1981 -un mes después de este infausto discurso que aumentó las turbulencias económicas del país – el presidente Jorge Rafael Videla renunciaba a su posición para dar paso al general Roberto Viola, y con él se fue de paso el ministro Martínez de Hoz.
Esta experiencia debe llamar la atención a los expertos en el manejo de la dieta financiera del país, para que en los momentos actuales revisen y analicen la propuesta y el seguimiento del plan de Martínez de Hoz en Argentina hace 30 años y sus resultados económicos posteriores que aún refleja la economía de ese extraordinario país.

