El hombre que se enamora de una mujer ofreciendo cosas materiales podría conquistarla. Pero también podría perderla si viene otro y formula mejores ofertas.
El verdadero amor se alcanza con la química, la compenetración y la costumbre en una pareja, independientemente de aspectos físicos y materiales. Durante la juventud creemos amar, pero sólo cuando hemos envejecido en compañía de otra conocemos la fuerza del amor, dice Henri Bordeaux. El amor no se compra, como tampoco se compra la lealtad en la actividad política.
Cuando se consigue una adhesión política basada en el dinero, no hay un apoyo sincero y jamás podría hablarse de lealtad. Se trata de un simple cliente, que, como si fuera un objeto, se expone al libre juego de la oferta y la demanda. Finalmente, no se sabe por quién sufragó.
Los candidatos que usan dinero en campaña podrían tener éxito hasta que surja una competencia con mayor poder económico, por lo que a fin de cuentas los que estimulan el clientelismo afilan cuchillo para su propia garganta o crean, tarde o temprano, su propia sepultura.
La exhibición de poder económico en procesos eleccionarios dominicanos no es nada nuevo. Para las presidenciales de diciembre de 1962, Bosch utilizó la consigna vergüenza contra dinero y los resultados fueron altamente favorables.
Naturalmente, eran tiempos donde la juventud dominicana estaba fuertemente influenciada por la Revolución Cubana de 1959. Además, Bosch se encargó de concienciar a la población con sus pedagógicas charlas radiofónicas.
El clientelismo político es más complejo de lo que muchos se imaginan y amerita establecer sus causas, tarea que bien podría desarrollar la Junta Central Electoral, mediante la celebración de un seminario con los partidos políticos, para que estos instrumentos retomen su ideología y las razones éticas que les dieron origen.
Con la perestroika y la disolución de la Unión Soviética desaparecieron las ideologías, el imperio estimuló el consumismo, nuevas tecnologías y los países en vía de desarrollo del continente han sido víctimas del fenómeno de la transculturación. Y el narcotráfico, que es una actividad lucrativa y criminal, ha deshumanizado a los pueblos, donde lo material está por encima de todo.
Con el clientelismo político, los narcotraficantes encuentran un terreno fértil en el PLD y el PRD en la campaña electoral venidera, donde se van a escoger a los senadores, los diputados, los síndicos y los regidores, por lo que urge la adopción de medidas de alerta de parte de la JCE, controlar los gastos de los candidatos, estudiar sus antecedentes y dar seguimiento a sus conductas.
Se impone que nuestras organizaciones políticas tradicionales rectifiquen su conducta pública y retomen sus respectivas ideologías y los valores éticos perdidos. Contrariamente, se exponen, tarde o temprano, a desaparecer, tal y como ocurrió en Venezuela.
Una forma de empezar a corregir su conducta pública, es prohibiendo el clientelismo en la campaña electoral, pero tal aspiración podría ser un sueño cuando observamos que desde el propio gobierno se ha hecho uso de los recursos del erario para comprar un congreso interno y posteriormente organizaciones políticas minoritarias y adhesiones de todo tipo, abultando la nómina pública.

