Hace un par de años, participé en un curso en Miami sobre Marketing Político donde se presentó un brasileño, autor de varios libros sobre la materia, que dijo: Sin dinero no hay campaña electoral en estos tiempos. Y tenía razón. Los recursos son indispensables. Barack Obama obtuvo dinero entre su gente para enfrentar con éxito a sus poderosos rivales. Pero en Estados Unidos, la recaudación está regulada.
En República Dominicana, los controles no existen. El dinero del erario, es utilizado por las autoridades gubernamentales. Para competir con el gobierno, los partidos de oposición buscan dinero de cualquier modo. Empresarios, contrabandistas y narcotraficantes, patrocinan partidos y candidatos. Corruptos y corruptores van de la mano. No importa de dónde provenga el dinero; si es sucio o si es limpio, si está ensangrentado o lleno de lodo. El propio Leonel Fernández dijo en una oportunidad que aceptaba dinero de donde viniera. El dinero es el factor determinante en todas las campañas electorales. Al dirigente del PLD, Danilo Medina le ganó Leonel Fernández con los dineros del Estado. Luego gastó miles de millones para reelegirse creando un déficit fiscal extraordinario. Ahora, en las elecciones de mayo, el gobierno invertirá todo lo que haya que invertir. El presidente Fernández gastará todo lo que tenga que gastar para alcanzar el control del Congreso y los cabildos, porque para él y sus socios es asunto de vida o muerte, de cárcel o libertad.
En el PRD, al igual que en el PLD, don dinero manda. En el PRD es peor. En el PRD se venden candidaturas y hasta se regalan. Muchos candidatos patrocinados por empresarios, evasores, lavadores y narcotraficantes. En términos éticos, no hay diferencias entre el PLD y el PLD. Uno es tan corrupto como el otro. Hay que ver las vallas gigantes. Hay candidatos del PRD que gastan mensualmente más de dos millones de pesos. Los del PLD gastan más. El origen de ese dinero, a nadie le importa.
Si este pueblo estuviera debidamente educado, no correría tras los candidatos y sus migajas, no votaría. Ni siquiera por aquéllos que, como doña Milagros Ortiz Bosch, entre otros pocos, marcan la diferencia, por aquello de que una golondrina no hace verano. ¿Pero qué otra cosa puede hacer un pueblo embrutecido y enajenado como el nuestro cuando hasta la izquierda le hace el juego a los partidos del sistema?

