Aunque no se quiera aceptar, el conflicto que gira desde hace un tiempo en torno al consorcio Dream Corporation, que a través de una subsidiaria controla el negocio de los casinos en el país, de alguna manera afecta el clima de inversiones. Los hermanos Antonio y Francisco Carbone, que alegan poseer el 85% de las acciones, se quejan de que no han podido tomar posesión de la empresa porque la Policía se ha negado a facilitarles la fuerza pública. Mientras se tensa el conflicto más de cuatro mil empleados en alrededor de 1,200 locaciones padecen una verdadera pesadilla.
Si la justicia falló a favor de una de las partes, en este caso los hermanos Carbone, de nacionalidad canadiense, el Ministerio Público y la Policía no tienen más que acatar la sentencia. La disputa por el control de la empresa es entre los Carbone y el también canadiense Andrew Pajak, pero con la intervención de dueños de bancas y sectores de poder e influencia. Pero con la imagen del país, que es lo grave, como telón de fondo.

