Dios le ha destinado en este mundo frágil, casi inmundo, lleno de injusticias, flaquezas, ingratitudes, hambre, dolor, miserias, incomprensiones, traiciones y poca equidad social, como un predestinado para que, cual cirineo, ayude a los débiles, pobres y desamparados de la suerte con la pesada situación en que viven tantos y tantos seres humanos en nuestro país.
Usted, doctor Cruz Jiminian, queridísimo hermano espiritual, ha consagrado su vida a secar lagrimas, mitigar el dolor con sus manos pródigas, su ingenio y capacidad científica a toda prueba.
También usted es dador no solo de medicamentos sino de alimentos, vestuarios, reparación de viviendas a muchos que no la tienen y padecen de todo. Así usted también es un benefactor de la niñez, la ancianidad y de los que padecen diferentes situaciones de salud, habidos de orientaciones y consejos.
Le escribo esta sinceras inquietudes, porque le quiero, admiro, agradezco y respeto y reconozco su obra titánica, sus esfuerzos, lamentos, lagrimas y noches sin dormir y días sin reposo.
¡y oh paradoja de la vida! el doctor Antonio Cruz Jiminián se entrega plena y decididamente a trabajar y luchar por todos cuanto le visitan de todas partes de la República y hasta del extranjero, y como algo increíble, se esfuerza muy poco, muy poco, por usted y su salud, mientras lo hace con amor por tantos y tantos, por miles y miles de personas.
Doctor Antonio Cruz Jiminián es un dechado de virtudes, aunque como ningún hombre es falible por que no existe la perfección humana, sino Jesucristo, y es también un hombre noble, bueno, capaz, servicial y un filántropo de cuerpo entero.
Si en nuestra República existiesen siquiera 30 facultativos en provincias y municipios que pudiesen emular las acciones de usted y el tren de trabajo que sustenta, aunque reconocemos que muchos galenos se esfuerzan por con sus ciudadanos y algunas comunidades, en la nación fueran menos los enfermos, los internos y enfermedades transmisibles.
Debemos destacar el valioso, útil y capaz personal que le acompaña, hombres y mujeres, enfermeras, brillantes profesionales, técnicos y administrativos y en todos los renglones de las ciencias medicas que le acompaña, a los cuales también felicitamos.
¡doctor cuide y proteja su integridad y salud que la Patria lo necesita!
R. Waldo Emmerson dijo: ¨la primera riqueza es la salud¨

