El espectáculo que montaron los miembros de la banda Los Chonchones, en Villa Consuelo, durante el velatorio de Carlos Ismael de los Santos (Boyón), uno de sus cabecillas, puso en evidencia la incapacidad policial para tratar la seguridad de la población.
Durante el velatorio los delincuentes colocaron varias armas dentro del ataúd, y tenga la seguridad de que todas estas pistolas han sido usadas en la comisión de más de un crimen. Esto lo sabe la Policía.
La sociedad no entendería los argumentos policiales para justificar su pasividad en un caso de delincuencia mayor. Los medios de comunicación pudieron fotografiar y grabar al menos seis pistolas sobre el cadáver de Boyón.
Todo el que lo vio pensó que la Policía iba a actuar, que iba a cumplir con su papel de garantizar la seguridad ciudadana y mantener el orden público, pero nada, el jefe policial se dio por no enterado.
Lo peor fue cuando se produjo el traslado del cuerpo del bandolero al cementerio, con una extraordinaria escolta policial que no sirvió para nada, porque el comercio de las calles por donde pasó el funeral tuvo que cerrar sus puertas por temor a Los Chonchones.
El exhibicionismo de armas durante el funeral no inmutó a los agentes policiales que al parecer tenían órdenes superiores de hacerse de la vista gorda.
No entiendo, ni entenderé nunca las razones.
Sin ser un estratega en seguridad, sé que la Policía pudo aprovechar que estuvieran en el interior del camposanto, rodear el área y establecer la salida por una sola puerta, a fin de identificar y detener a los sospechosos.
La Policía tiene un equipo de inteligencia que pudo recabar información antes de llegar al cementerio.
El jefe de la Policía se ufana en decir que la institución está tecnificada, que tiene cuerpos élites, que garantiza la seguridad de la población, pero todo esto fue echado por la borda la semana pasada durante el sepelio de uno de Los Chonchones. ¿Temor, incapacidad o politiquería? Eso no lo sabremos.

