Opinión

Dos premios Siboney

Dos premios Siboney

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Contra todas las poetizaciones, digo que hay un poema solo si una forma de vida transforma una forma de lenguaje y si recíprocamente una forma de lenguaje transforma una forma de vida. —Henri Meschonnic.
Tanto en El fabulador, de José Enrique García, como en Revivir un gesto tuyo, de Rafael García Bidó (premios Siboney de poesía 1979 y 1981), existen inmanencias referenciales que anexan sus estructuras más allá de las vinculaciones lírico-retóricas y las explicitan sin sospechosas especulaciones hacia unos destinatarios muy específicos: aquellos que sólo desean oír o leer la poesía desde su cascada —o vertiente— socio-ontológica.

Y parecería extraño, en virtud de que ambos poetas implementan en el desciframiento de lo que transmiten peculiaridades dispares de sus vivencias, aún la estructura discursiva de dichas emisiones alcance señalizaciones parecidas: «Me dispongo a contar mi sueño/aquel que no tuve tiempo de soñar»(El Fabulador, página 14); «Soy el que escribe en la madrugada/dudando entre tu sueño y tú» (Revivir un gesto tuyo, páginas 17 y 18).

La locutoría emotiva que conduce hacia lo metalingüístico y tiende a transformarse por el acoso de la confesión en enunciados atados a la coherencia, parecería partir desde una trayectoria ontológica hacia fines similares y, sin embargo, se bifurcan y enrumban hasta linderos no peculiares, hacia fines que, aún atados a una poesía de excelencia, se distancian.
Mientras en Rafael García Bidó el hombre —y con él lo humano—, transborda sus emociones hacia una comunicación con sí mismo, en José Enrique García se refleja como en espejo a través de una mutación angustiante.

En García Bidó la soledad, ante todo, colma por sí sola la esperanza del hallazgo de un sentido existencial, y en José Enrique García la vivencia de lo exterior, en oposición emocional, enrosca el auto-sentido y trasplanta la angustia hacia su entorno: «Cuando abría los ojos ya el día iluminaba la tierra/entonces tomaba mi vestimenta y me iba a las calles».

Esa angustia, sin embargo, García Bidó la asume como transformación del yo: «Me tragaré la noche/consultaré los naipes de la soledad».

Pero, ¿por qué trato de referenciar nexos, vinculaciones e inmanencias eufóricas entre Él Fabulador, de José Enrique García, y Revivir un gesto tuyo, de Rafael García Bidó? Ante todo, y como registré al inicio, en ambos textistas existen inmanencias, esencias referenciales, las cuales podrían existir por cierta emergencia generacional (José Enrique García nació en el año 1948 y Rafael García Bidó en el 1953, pero ambos pertenecen a la generaci6n de post-guerra (1970) y, por lo tanto, están motivados por acechos sociales comunes y por afinidades de clase, razón por lo que se podría deducir un punto común en sus producciones.

De ahí, que esta univocidad palpable cree un sentido peculiar, así como una estructura cuya organicidad plantea —aún con la disgregación de la angustia— una evocación que se relaciona con interpretaciones que, más allá de la metaforicidad cognitiva, ontologizan y virtúan un mundo cuyos detalles parecían servir de obvios modelos a la función poética.

El Nacional

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