Opinión

Dos premios Siboney

Dos premios Siboney

Lo que cuenta en una obra de lenguaje, mucho más de lo que ella dice, es lo que ella le hace al lenguaje y a la vida —Henri Meschonnic.
y 3

El Fabulador, así, recoge entre ambas posiciones (sueño-imaginería-movimiento) casi un veinte por ciento de la totalidad de los versos que estructuran el poemario.

Esta relación enlaza al textista y lo instala en el discurso como sujeto; es decir, los lugares, las estadías, los caminos, se estructuran en el poema como límites de periplos, como indicadores biológicos de una ascensión —que también es declinación— hacia conocimientos y aflicciones (lo uno y lo otro en procura de lo histórico): «La tierra retoma los tantos movimientos/lo que se anda / se navega, se sueña.» (p. 27). O sea, lo vivencial en lo soñado como una agudeza conceptual entre la escolástica y el marxismo; como si el mundo, hoy, condicionara su existencia al sueño, o emergiera como el resultado de una fábula.

De ahí, claro está, que José Enrique García pase a ocupar un lugar privilegiado entre los poetas del país —vivos o muertos—, no por el desprendimiento ideológico en el poemario, sino por la osadía de explicitar coherente y metalingüísticamente una concepción del mundo que apoya la discontinuidad del signo y principia una noción de las contradicciones del vivir.

Es a partir de este punto en donde la bifurcación entre El Fabulador y Revivir un gesto tuyo se binariza. Rafael García Bidó construye a partir de una correspondencia con la realidad (el cadáver de su padre y la soledad tangible que lo abarca); José Enrique García cimenta e innova a partir de una noción orgánica de su proceso biológico, donde lo concreto y lo imaginado transforman la realidad del movimiento en una inversión cuyo fin primordial es reafirmar y reinventar un sujeto-objeto para insertarlo en el poema.

Este resultado podría convertir el poemario en uno de los textos de construcción perfecta, no porque emite tropos altisonantes, sino porque a través del lenguaje evoca, reivindica y convierte en sujeto del poema al propio evocador, haciendo uso de una locutoría emotiva cuyo transborde lo particulariza hacia un destinatario específico.

Tanto en El Fabulador como en Revivir un gesto tuyo, las voces, emitidas desde una cabal función del lenguaje, enfrentan, transforman y convierten sus aprehensiones, cuitas y fervores en historias que resisten lo cotidiano y lo social, tornándolas en formas-sujeto.

José Enrique García concatena el sueño al espíritu y desarraiga lo material, acercándose a un conocimiento de lo histórico: «Solo se asciende en carne, / en sangre, en esqueleto, / en uñas, en cabello, en saliva.

/ Se crece en la materia» (p. 77). Claro, la maestría de José Enrique García está fuera de toda especulación, y junto a Rafael García Bidó representan la mejor sustancia productora de objetos literarios de la generación de post-guerra. Esto último podría variar a través de producciones futuras, tomando en cuenta sus edades al momento de producir estos poemarios (1979 y 1981).

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación