El grupo armado que ayudó a escapar el lunes desde el hospital de Los Ríos a un hombre acusado de un doble homicidio es otro síntoma para que se evalúe sin apasionamiento alguno el desafío que plantea la delincuencia callejera para el orden público. No se trata ya de atacar seres indefensos para despojarlos de su pertenencia, sino de ridiculizar el principio de autoridad.
La liberación a punta de pistola de Franklin Romero Mateo, de 32 años, y quien estaba preso desde 2007 por el asesinato de un hombre y de una mujer, es sencillamente otro eslabón de una larga hilera de acontecimientos espectaculares, que parecen extraídos de alguna película sobre el salvaje Oeste estadounidense.
Es obvio que se tienen que establecer responsabilidades. Pero más que buscar culpables el caso es para reflexionar sobre una atmósfera en que la delincuencia, alimentada por la impunidad y la descomposición social que ha cobrado cuerpo en la nación, trata de imponer sus leyes.
El historial del reo liberado refleja hasta cierto punto las debilidades del sistema penitenciario. En 2007 había escapado de la cárcel de Baní tras desarmar y amarrar a su custodia, pero no tuvo tiempo de ir muy lejos porque pronto le echaron el guante y lo recluyeron en Najayo. Sin embargo, sus intenciones de evadir la acción de la justicia se concretaron el 23 de este mes después de conseguir que la Dirección de Prisiones lo hospitalizara por supuestas dolencias y un grupo armado se ocupara del resto.
Sin necesidad de dramatizarlo ni perturbar más a la población, el caso, desde cualquier punto de vista, resulta más que alarmante.
Otro suceso
El incidente durante el cual un estudiante hirió de un balazo a una compañera de carrera en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) no es como crear una crisis, pero sí para escrutar la relación que guardan casos de esa naturaleza con el ambiente que prima en el país.
Una versión indica que a Octavio Alfredo Aguasviva Santana, de 21 años y estudiante de Publicidad, se le escapó el disparo que hirió a Eloísa Burgos, de 20, y quien cursa la misma carrera, cuando manipulaba el arma frente a la facultad de Arte. Otra señala que el suceso ocurrió dentro de un aula.
Podrá alegarse que para lo que ocurre en otros países se trata de un suceso de poca monta. Sin embargo, la necesidad que podía tener el estudiante de un arma de fuego es un elemento que tendrá que determinarse dentro de la investigación, pues en modo alguno se puede pasar por alto.

