Opinión

Duarte

<P>Duarte</P>

Llevo ya más de un año en una soterrada guerrita ideológica con los jóvenes de una organización política.  La primera vez que visité su local noté que nos recibía un  retrato del Che y al lado uno de Martí.  En la pared de enfrente Bolívar y en la segunda sala Caamaño, entre Ho Chi Minh, y  Marx, Engels y Lenin.

¿Aquí hay dominicanos?, pregunté, y se sorprendieron.  “Somos dominicanos y revolucionarios” dijo uno en tono desafiante.  ¿Y? ¿Por qué no hay una sola imagen de Duarte, las Hermanas Mirabal, o  Manolo? 

A la semana les llevé un Duarte, un afiche de las Mirabal y uno de Manolo, y reorganicé las salas.  Jóvenes, si ustedes visitan a Cuba verán que en todos los locales los recibirá José Martí, porque él es su padre de la patria.  Nunca he visto un Duarte en ninguna parte.

En estos días volví y Juan Pablo había desaparecido y en su lugar habían puesto al Che, y ¿por qué les cuento esto?

Porque la actitud de estos jóvenes demuestra un menosprecio de Duarte que está generalizado.  Los niños le representan siempre triste, los jóvenes lo asumen como un “tiguere que se rajó y se murió en las selvas venezolanas.”

Tampoco digieren al Duarte rubio y ojos azules  que, contra toda evidencia, se empeña en promover la historiografía nacional, como contraparte a esos negros que derrotaron a Francia  e Inglaterra para emancipar a los hombres de la esclavitud.

Ignoran que Duarte fue el más preclaro de los independentistas, con una pasión por las matemáticas,  filosofía, y esgrima, en un país donde el noventa por ciento de la población era analfabeta, había un cinco por ciento de blancos, un veinticinco de negros y un setenta por ciento de mulatos.

Ignoran que en su viaje por Europa Duarte conoció la experiencia de la autonomía municipal de las comunidades de Cataluña, que data del Siglo X,  y que fue consagrada por la Constitución de Cádiz, de 1812.

Y desconocen que lo que Duarte plateaba no era la Independencia pura y simple sino la Soberanía Popular, como base de la independencia real, a través de la conversión del poder municipal en uno de los cuatro poderes fundamentales de la nación, por encima de otros poderes públicos.

Y que fue la invasión norteamericana del 1916 la que despojó  los Ayuntamientos de toda responsabilidad patriótica; la que ese organizador que fue Duarte, inspiró en la región Este cuando, según la credencial del 7 de abril de 1843, se dedicó a la creación de  Juntas Populares.

Ese es el Duarte que desconoce la juventud, una victoria de la historiografía tradicional sobre el más avanzado y progresista de nuestros libertadores.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación