Opinión

Duarte siempre, siempre Duarte

Duarte siempre, siempre Duarte

Mayor General, E.N. (DEM)
“La honra puede ser mancillada,

la justicia puede ser vendida,

todo puede ser desgarrado,

pero la noción del bien flota

sobre todo, y no naufraga jamás”.

José Martí.-         

Esta tarde estoy con Juan Pablo Duarte entre ceja y ceja, “hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria”. Indolentes, serviles y corruptos apandillados, cual corsarios en busca de botín. Es la vida del hombre absurdo al que hace referencia Albert Camus, quienes en estos tiempos su comportamiento está basado en la permisividad y la irresponsabilidad de dejar-hacer dejar-pasar, a sabiendas de que dentro de este accionar “indelicado” puede haber y hay responsables, aunque para este tipo  de personas  no hay culpables y lo más que pueden hacer es utilizar la experiencia de éstos actos para perfeccionar sus futuras acciones malignas en contra del bien común que representa la Nación, el norte convergente que guíe nuestra razón. No los derroteros por los barrancos por los que muchos desearían verla precipitarse.

Debido a esto,  es que me aferro, por un lado a José Martí, para decir,  que “el orgullo con que agito estas cadenas, valdría más que todas mis glorias futuras”. Y por otro lado, decir que “cuando empiece a bajar esta marea de ignominia/ y deje al descubierto hacía la aurora/ el fondo firme de los pueblos/ (…) Dirán que somos libres y golosos,/ que gozamos del pan y de la espiga./ Que cada hombre tiene dignidad,/ cada mujer sonrisa/. Que tenemos la Patria verdadera/ y ésta también será la Patria mía./ Si alguien quiere saber cuál es mi Patria/ se lo diré ese día.

¡Ay!, Don Pedro Mir, caramba, esta tarde pensando en Duarte, en busca de esa Patria secuestrada por esos hijos del infierno, aspirando a ser uno de esos providencialistas señalado por nuestro Padre de la Patria, al decir que “son los que salvarán la Patria del infierno a que la tienen condenada los ateos, cosmopolitas y orcopolitas”.

Mientras tanto, algunos farsantes –los mismos de siempre-, pretenden camuflarse en un mes para hablar de Duarte, en tanto continúan sangrando y pisoteando durante once meses todos sus preceptos. Pero Duarte sabía que la lucha iba a ser larga, dolorosa y sangrienta pero, además, sabía que “el buen dominicano tiene hambre y sed de justicia ha largo tiempo, y si el mundo se la negase, Dios que es la Suma Bondad, sabrá hacérsela cumplida y no muy dilatado; y entonces, ¡ay! De los que tuvieron oídos para oír y no oyeron, de los que tuvieron ojos para ver y no vieron…¡La Eternidad de nuestra idea!. Porque ellos habrán de oír y habrán de ver entonces lo que no hubieran querido oír ni ver jamás”.

“¡Oh!, Duarte:”, tú que con la penumbra Patria naciste/ Libertador audaz y convertiste/ los incipientes gestos y murmullos/ de nuestro pueblo harto en orgullo”. Hoy ese orgullo que hace referencia Dieter Noltensmeyer, es al que hoy nos aferramos para continuar contra vientos y mareas, con el firme propósito de concretizar la Patria soñada por ti, acorralada por muchos mal llamados dominicanos, poseídos por una rabia y cólera infinitas en contra de todo lo que atente contra sus viles intereses y que otros, solamente por miedo, permanecen de brazos cruzados.  Mientras tanto, hablando de esa Patria concebida e idealizada por Duarte “si alguien quiere saber donde está ella/ yo lo diré ese día/. Ahora no la busque,/ no pregunte por ella todavía.

 No podemos adjurar de una manera simple, cobarde y vulgar a los postulados de Duarte, como si fuésemos un pueblo servir, donde el populismo y el clientelismo borren los más elementales principios morales que nos adornan como nación y que hoy –reitero- “hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria que iba prendido de lo hondo de su corazón”.

 Únicamente el gran estimulo de Duarte nos debe bastar ante esta gran empresa de luchar por nuestros valores, para abrirnos paso a fuerza de empujones entre la turbamulta que se avalancha hacia los bienes de la Patria, como acuden los famélicos a un opíparo banquete. Aprovechemos este ahora, este presente para “trabajar por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.

 Por eso, en medio del torbellino de chispeantes intereses y metas difusas y confusas, volvamos al 1891 y ese discurso de José Martí; “Con todos y para el bien de Todos”, buscando argumentos morales que despierten del letargo a los dominicanos que se hacen los indolentes ante nuestra crisis de patriotismo y digamos: (…) Se me hincha el pecho de orgullo y amo aún más a mi Patria desde ahora, y creo aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido del peligro grave de seguir ciegos, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descullada, ni sobreculta ni inculta, desde que veo por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta noche de fuerza y pensamiento, junto para ahora y para después, juntos para mientras impere el patriotismo”.

En mis años mozos era común escuchar en cualquier pasillo o lugar una frase que en muchos caló hondo y en otros de una manera tan profunda que aún lo acompaña en la tumba: ¡Patria o muerte, venceremos!.

Guerra Fría, comunismo, democracia, rebeldía, juventud y sueños. No había cabida para los mediocres o cobardes, pero tampoco se hablaba de enemigos difusos o difíciles de descubrir y combatir como hoy. Narcotráfico, clientelismo criminal, indelicadezas, corrupción, sobornos, degradación de los recursos naturales y una política donde es difícil distinguir cuál es el objetivo final y a quién se quiere beneficiar, si es a la Patria o a los mismos orcopolitas que Duarte hacía referencia; dudas y engaños enrarecen el ambiente.

Vayamos allá, Duarte, allá donde nuestras almas pudieran jugar con los montes y las aves sencillas de Salomé Ureña…y dejemos la ira ahí en su rincón de odio…y estemos atentos para estar ahí con la cita histórica el día señalado…el día de los días de los días, ése en que estalle la rabia y que cada cosa quede en su lugar definitivo, sin más hiel para derramar, sin la sabia de los justos manchando el pasto. Te acompaño, amiga, por la ruta de este tu verso común. “Plenilunio, por la verde alameda, silenciosos,/ íbamos ella y yo:/ la luna tras los montes ascendía/ y en la fronda cantaba el ruiseñor./ Y le dije…no sé lo que le dije/ mi temblorosa voz…/ En el éter detúvose la luna,/ interrumpió su canto el ruiseñor,/ y la amada gentil, turbada y muda,/ al cielo interrogó./ ¿Sabéis de esas preguntas misteriosas/ que una respuesta son?…Guarda ¡oh luna!, el secreto de mi alma;/ ¡Cállalo ruiseñor”!.

 No quiero pensar que nuestro país se nos muera o se  nos desborone como castillo de arena por nuestra cobardía para combatir ahora las amenazas que nos corresponden en estos tiempos, con el mismo valor y entereza que lo hizo Duarte en el tiempo que le correspondió. Traidores seremos si nos tapamos los ojos para no ver y los oídos para no oír. Creo que lo único que nos falta es el amor, el amor por la Patria, ese que nos dará valor para luchar por ella y decir, so pena de la vida de aquel que se atreva a morir sin cumplir con su obligación, porque aún después de muerto tendrá que venir a rendirle cuenta a la Patria. Sudor, sacrificio, lealtad y nuestra Patria será como Duarte la soñó, libre independiente y triunfante. ¡Sí señor!

E-mail: rafaelpiloto1@hotmail.com

El Nacional

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