Opinión

Duarte y la Iglesia

Duarte y la Iglesia

Los festejos del bicentenario de Juan Pablo Duarte ponen al desnudo el poder fáctico de la Iglesia Católica en nuestro país y sus grandes debilidades, las cuales, gracias a personas que reviven la Historia, demuestran que la jerarquía de la iglesia romana, para mantenerse en primera fila, hace lo que sea. Y lo consigue cuando las autoridades sucumben a sus presiones.

El Gobierno dominicano encargó a la Conferencia del Episcopado Dominicano la presidencia de la Comisión Oficial para la Celebración del Bicentenario del nacimiento de Juan Pablo Duarte, no sabemos bajo cual presuposición, aunque podemos sospechar varias, siempre relacionadas con el poder de facto que esta jerarquía sostiene habilidosamente al paso de los años.

Es que, en la época en que se trataba de establecer la República, las cosas eran bien diferentes y en la Carta Pastoral del 24 de julio de 1844, el Arzobispo Tomás de Portes, excomulgó a Juan Pablo Duarte y a los Trinitarios, amenazando a mayores, “…El [Dios] os dice por el órgano de mi débil voz,…se dará por ofendido si no obedecéis los mandatos y órdenes, tanto del Gral. de División, y jefe supremo Santana, como los de la Junta Directiva, para lo cual os conminamos con excomunión mayor, a cualquiera clase de persona que se mezclase en trastornar las disposiciones de nuestro sabio gobierno” (Carta Pastoral del obispo Tomás de Portes, 24 de julio de 1844. Archivo General de la Nación, Colección del Centenario de la República Dominicana, Volumen II páginas 47 a 55).

El oportunismo demostrado por la jerarquía romana a lo largo de la historia, es tal que puede desdecirse con la mayor facilidad y desmontar fundamentos que fueron de su práctica de fe en segundos, cuando se trata de aliarse al poder, que es definitivamente su mayor interés. Ayer Juan Pablo Duarte, en vida y desterrado, recibió el mayor de los repudios de una iglesia que entonces mandaba y hoy, es la encargada de dirigir en sus propios cultos y en los festejos del país, como serán las loas al excomulgado.

El gobierno, en este capítulo, hace lo mismo ignorando la Constitución que obliga al Estado dominicano a garantizar la libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al orden público y respeto a las buenas costumbres, cuando se refiere a la libertad de conciencia y cultos, en su artículo 45.

Permitir que la Conferencia del Episcopado sea quien dirija los actos del Bicentenario, es casi una burla que reprime a una mayoría de la ciudadanía dominicana por sus creencias. ¡Y si no, que se comience a relevar el dato en los censos para que se vean los mansos y los cimarrones!

El Nacional

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