Cuando iniciamos nuestra carrera en la UASD, no sabíamos que dentro de las primeras experiencias prácticas en el campo de la botánica, la ejecutaríamos fuera de los parámetros del campus universitario. El profesor Eugenio de Jesús Marcano nos introdujo en el campo investigativo de muchas maneras, pero fue el sacerdote Julio Cícero quién nos enseñaría el proceso de investigación de campo más fabuloso del pragmatismo, el cual era la taxonomía científica más relevante en nuestra existencia, este simple sacerdote con conocimientos vastísimos en el área de las ciencias naturales nos obligaría con el devenir de los años a emigrar a España bajo su tutela electrónica constante y hasta hace unos días antes de su muerte nos animaba a continuar la única columna especializada en ciencias ambientales de nuestro país. Decimos la única porque hemos mantenido estos escritos bajo la anuencia del director de El Nacional por más de 10 años, incluso existen programas de radio y televisión que cuando no hacemos la columna por el motivo que fuese no pueden elaborar conceptos para sus programas. El padre Julio Cícero, nos orientó a profundizar conceptos, nos adiestró en el proceso de investigación tutelar para la universidad de Jaén. Los azahares de la vida nos colocaron en lejanía unos años y cuando su salud se deterioraba hubo una coincidencia que nos acercó nueva vez, debido a que una hermana nuestra fisioterapeuta nos colocó de nuevo en el proceso de amistad tronchada que habíamos suspendido de forma temporal. Así nos enviaba sus avisos usando el canal de nuestra hermana y animaba a continuar estos escritos, que sin saberlo tenemos de seguidores a varios cientos de estudiantes universitarios tanto dominicanos como extranjeros que fuera del país siguen nuestra columna. Demás está decir que a ellos les he hablado de la importancia de los profesores Marcano y Cícero, como los abanderados de la botánica taxonómica, que aún no tiene muchos dolientes en el país, especialmente por no reconocer de forma amplia la labor de estos investigadores consumados. Cícero, con su hablar pausado, sus ademanes directos y reiterativos eran la constancia de los años y la experiencia acumulada, que en nuestro caso nos llevaron a mantener serenidad ante cualquier hallazgo botánico y nos moldearon el sistema de la humildad, hasta el punto que hoy en día seguimos nuestro trabajo sin el menor reparo de llamar atención sobre lo que hacemos. Cícero nos planteó en una ocasión, en que se inauguraba un vivero con su nombre en el Mirador Norte, que los planteamientos científicos en países como el nuestro eran ignorados por quienes no tienen ni una pizca de conocimientos sobre lo que significaba la problemática ambiental de una media isla, con limitación de recursos y con una capacidad de carga muy limitada, que algunos han creído que esto es inagotable. En otra ocasión en la zona conocida como Estero Hondo, el gran estero, nos explicaba la importancia del agua dulce para los manatíes de la zona y nos expresó su preocupación diciendo que con el paso de los años éstos desaparecerían debido a la contaminación de los ríos que desembocan en el mismo, y esto está sucediendo ante los ojos de todos sin que se tomen medidas drásticas para evitar que los camiones y autos sean lavados en el mismo lecho de los ríos y su contaminación arrastrada hacia el gran estero.

