En nuestro país los cambios de nombre de entidades públicas se han convertido en los últimos años en una rutina que alarma. Por ejemplo hace unos pocos años existía una dirección de vida silvestre y ahora se llama Biodiversidad. Pero lo fundamental es que haga su trabajo como se estima debe de realizarlo. Desde hace más de 20 años la noción de biodiversidad y de su papel en el funcionamiento de los ecosistemas ha tomado cada vez mayor importancia a nivel mundial.
Desde esa época, los científicos y los periodistas comenzaron a utilizar los términos capital natural y servicios ecosistémicos. Sin embargo, fue a partir de la preocupación sobre el cambio climático y sus efectos devastadores, cuando se reconoció la importancia del vínculo entre la ecología y la economía, fundamento básico para interpretar la actual crisis ecológica, así como la formulación de posibles soluciones. Dentro de los esquemas científicos aparece, desde hace unos años la palabra fito remediación, que se ha convertido en una rutina entre quienes laboramos y continuamos haciéndolo en nuestro país, sin ayuda del Estado por supuesto. Dado el crecimiento demográfico rápido y el enorme consumo del capital natural, si no se produce un cambio en las formas de aprovechamiento y manejo de dicho capital, los problemas ambientales serán inminentes, inevitables y sus consecuencias gravísimas. La ciencia y la política de la conservación y de la restauración, así como la ciencia económica, deben asociarse en la búsqueda de nuevas trayectorias para un mundo sobrepoblado en donde el consumo per cápita es muy elevado en los países ricos y dramáticamente bajo en los pobres.
Una de las ideas más importantes que emerge de esta colaboración es la posibilidad concreta de que invirtamos como sociedad y comunidad mundial en la restauración del capital natural degradado (RCN).( M.P. Bernal, R. Clemente1, S. Vazquez 2, D.J. Walker3). Si consideramos la alteración de un ecosistema cualquiera nos damos cuenta que esta es una tarea que puede tardar años y no días, como muchos han pretendido en nuestro país, simplemente para dar noticia a la prensa.
Usted no puede regenerar un vertedero de basura en un bosque en unos días de campaña, véase caso Rafey de Santiago, ya presenta rasgos que de ser llevado a la justicia con especialistas existen indios de falta de responsabilidad en alto grado y si lo hacemos con la restauración del Ozama, la sangre llega al río en cualquier momento.
Hay cuatro tipos de capital natural: 1) Renovable (especies vivas, ecosistemas), 2) No renovable (petróleo, carbón, diamantes), 3) Recuperable (atmósfera, agua potable, suelos fértiles) y 4) Cultivado (áreas y sistemas de producción agropecuaria y silvoculturales).
El capital natural incluye todos los ecosistemas perdurables, así como, los paisajes culturales de los cuales obtenemos servicios y productos (bienes) que permiten nuestro sustento y bienestar sin costos directos de producción. (IBIDEM), Continuamos.

