Cañadas y Restauración
Esta complejidad y dinámica de los sistemas fluviales determina la presencia de una gran heterogeneidad de hábitats, que además son muy variables en el tiempo. La heterogeneidad del medio físico condiciona la biodiversidad y productividad de los ecosistemas fluviales, siendo un factor fundamental para las poblaciones de peces y macroinvertebrados, la vegetación de ribera, las presencia de macrófitas, la acumulación de materia orgánica, etc. La vegetación de ribera participa además en esta estructuración de los hábitats, contribuyendo a la diversificación del espacio físico y creando unas condiciones hidráulicas más heterogéneas. Así, la hidrología, la geomorfología y la vegetación riparia determinan conjuntamente la diversidad de los hábitats acuáticos y ribereños. Comprender la realidad de los sistemas ecológicos que son originados por corrientes de agua en montañas es un elemento importante a la hora de realizar cualquier propuesta para asentamientos humanos ocasionales o permanentes. Si no se toman en cuenta factores de temperaturas, clima general, índice de luz, capacidad de carga del suelo en construcción entre otros factores estamos cometiendo un serio equivoco ambiental, pues esos elementos nos darán pautas para determinar una realidad futura en la propuesta sometida. Un ejemplo de ello es la construcción en laderas de montañas, cuando existen corrientes ocasionales de agua generalmente se omiten debido a que se desconoce su existencia real y su capacidad de daños que esos ocasionales pueden originar en un futuro inmediato si las condiciones de ambiente natural causan por ejemplo lluvias intensas en la zona. El sistema fluvial se estructura en cuencas hidrográficas y en una red de drenaje compuesta por un sistema jerarquizado de cursos fluviales, desde pequeños surcos hasta ríos, que confluyen unos en otros hasta configurar el colector principal de la cuenca. Cada uno de estos cursos fluviales cuenta con una corriente natural fluctuante en el tiempo, a veces esporádica o espasmódica, de agua y materiales sólidos que circula por un cauce con orillas bien definidas. En muchos cursos de circulación efímera la red de drenaje aún no está del todo organizada, por lo que es frecuente encontrarnos con zonas arreicas o de drenaje deficiente, que en la actualidad están aún articulando sus elementos de drenaje dentro de la cuenca fluvial (IBIDEM) Esta realidad dicha de forma clara es que las cañadas deben ser restauradas en su completo cauce y ocasional corriente pues es la forma de sostener el desenlace final de confluencia hacia cauces mayores de aguas, como por ejemplo los arroyos que van a desembocar al Yaque del Norte por mencionar un ejemplo claro. Las cañadas y arroyos son elementos vitales para el buen desempeño de la cuenca pluvial, siempre y cuando estos no sean alterados geomorfológicamente por cualquier tipo de alteración propia de una propuesta de adecuación.

