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Ecologicas

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Los países subdesarrollados o en vías de mecanización están atravesando por otro proceso nuevo de colonización y este está orientado hacia el acaparamiento de tierras. Esa verdad es un proceso hacia la monopolización de recursos naturales existentes en esas tierras que son acaparadas. Una mirada a algunas de las personas que buscan llevar a cabo o apoyan los grandes acaparamientos de tierras agrícolas a nivel mundial. Todos los días hay noticias sobre empresas que están comprando tierras agrícolas.

 Los gigantes del aceite de palma de Malasia comprando plantaciones en África Occidental. Los banqueros de Wall Street apoderándose de ranchos ganaderos en Brasil. Hombres de negocios sauditas firmando acuerdos sobre tierras en Filipinas. La última recopilación de datos sobre acaparamiento de tierras señala que, desde el año 2007, un promedio anual de 10 millones de hectáreas de tierra han sido acaparadas por compañías extranjeras. ¿Estará pasando en las islas del Caribe la misma situación con respecto a tierras con vocación aurífera? O es que no nos hemos dado cuenta de esta verdad.

El asunto es que un pequeño número de personas están apoderándose, cada vez más, de las tierras agrícolas del mundo y del agua asociada a ellas, dejando poco o nada a los demás. En la medida que el mundo se hunde cada vez más en una crisis alimentaria, estos nuevos terratenientes serán quienes tendrán el dominio sobre quiénes comen y quiénes no y sobre quiénes se beneficien y quiénes perezcan en el sistema alimentario.

El acaparamiento mundial de tierras de cultivo está ocurriendo sólo porque existen personas dedicadas a ello. El número de acaparadores de tierras es pequeño, en contraste con el gran número de personas desplazadas como consecuencia de su accionar. En su mayoría son hombres, casi todos con experiencia en empresas de agro negocios o bancos.

Algunos de ellos se ubican en altos niveles de gobiernos y agencias intergubernamentales y, a veces, en los más altos niveles. Operan desde los grandes centros financieros del mundo y frecuentemente se encuentran en reuniones de inversionistas en tierras de cultivo, ya sea en Singapur, Zanzíbar o la ciudad de Nueva York.

El mundo ha cambiado, y lo ha hecho tan rápido que muchos no nos hemos dado cuenta que hasta el aire nos lo están vendiendo como tarjetas de llamadas, cuyos datos  van y vienen por el aire, violando algunos preceptos preestablecidos como bienes de la humanidad, de la misma forma el agua que antes “No se negaba a nadie pues era de todos” ya está embotellada. Cuando hablamos de recursos naturales en el proceso se localiza el oro, la plata, el cobre, el ferroníquel y cualquier otro recurso no renovable por los cuales la crisis mundial ha estado dando señales de explosión iniciando por Europa y continuará irremediablemente en Estados Unidos.

Quizás nuestro país no se ha dado cuenta de los acaparamientos en La Romana, La Altagracia, Puerto Plata, Barahona, San Juan de la Maguana, Pedernales para solo mencionar unas cuantas provincias que dicho sea de paso poseen grandes atractivos turísticos y mineros. ¿Estamos nosotros como país elaborando criterios para frenar el auge que ha tomado la compra de tierra.

El Nacional

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