Opinión

Ecológicas

Ecológicas

La restauración de la cubierta vegetal difícilmente recupera la comunidad original de referencia, lo que es una manifestación de la irreversibilidad de la pérdida de biodiversidad debida a los cambios antrópicos. Las herramientas que contamos para la recuperación son producir especies para la obra, conectar el espacio a restaurar con otros menos degradados, y utilizar el banco de semillas existente en el suelo. La restauración no asegura la reproducción exacta del proceso histórico sucesional que generó las comunidades vegetales actuales. Aún en el mejor de los casos, el potencial de los aportes de tierra vegetal se encuentra limitado por la representación sesgada de las distintas especies en el banco de diásporas. Hasta el 75% corresponden a ruderales y anuales, encontrándose las especies leñosas, especialmente las arbóreas, escasamente representadas. Si nos ubicamos en el factor suelo este proceso tiende a generar toda una gama de variables que van desde los nutrientes hasta el proceso asimilativo solar, el cual ejerce una influencia considerada por muchos primordial en los nuevos procesos que atraviesa la tierra. Máxime cuando nos enfrentamos a serios cambios en placas tectónicas, Marejadas anormales frecuentes, sutnamis, entre otros eventos. A las limitaciones intrínsecas del proceso de restauración de la cubierta vegetal, se suman otras de índole práctico pero de efectos igualmente determinantes como la fragmentación de los escenarios en función de competencias administrativas, de reparto de tramos de obra, o de la propiedad de la tierra. Por los usos dados a este importante ecosistemas a través de la historia estamos en el día de hoy pagando serios procesos que a la larga se tendrán que revertir si es que queremos sobrevivir como especie. Cairns (1995b) plantea que la única alternativa a la tasa actual de destrucción de especies y hábitats consiste en la aplicación de una política de compensación de pérdidas netas (no-net-loss policy), de forma que la degradación accidental o deliberada de cada ecosistema sea corregida mediante su restauración o la de otro enclave ecológicamente equivalente. A juzgar por las limitaciones expuestas, difícilmente podrá la restauración constituir una alternativa frente a la preservación de los ecosistemas. En todo caso será una herramienta al servicio de la conservación. Algo para hacernos pensar seriamente en este mes de la tierra y cuando se denuncias talas discriminadas por el mismo ministerio de medio ambiente.

¿Hasta qué punto es el hombre responsable de este fenómeno? Para responder a esta pregunta conviene echar la vista atrás

y revisar los registros sobre invasiones biológicas a lo largo de la historia de la vida. Haciendo esto, encontraremos numerosos ejemplos de trasiegos de especies entre territorios previamente separados, en épocas anteriores a la presencia

del hombre en la tierra. Consecuencias más drásticas debieron tener las colisiones entre placas tectónicas, portadoras de biotas evolucionadas de forma aislada. Veremos reflejos similares en zonas de alta montaña en nuestro país en donde la siembra de exóticas ha ido mermando los endemismos que tan importantes resultan para nuestra existencia.

El Nacional

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