Historia sin fin.-
La docencia pública a nivel básico, secundario y de educación superior retoma el angustioso sendero de incertidumbre ante la nueva amenaza de gremios de profesores de paralizar docencia o no iniciar el semestre regular en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Como si fuera una historia sin fin, la Asociación de Profesores (ADP) anunció que convocará a paralización de clases y movilizaciones en todo el país a partir del miércoles, en tanto que la Federación de Asociaciones de Profesores (Faprouasd) no reabrirá docencia en reclamo de un reajuste salarial restante de un 5%.
Además de oponerse a la selección de directores regionales y de distritos mediante la conformación de terna, la ADP sustenta su llamado a movilización con las estrambóticas denuncias de que el ministro de Educación tiene planes de destruir ese sindicato y de cancelar a 20 mil maestros para colocar gente de su entorno político.
Faprouasd considera justificable impedir la apertura del semestre en la UASD como presión para que la Rectoría complete un 5% de incremento a los salarios de los profesores, como si se tratara de un asunto de vida o muerte.
Si Dios no mete sus manos, se reeditará el drama de cientos de miles de alumnos de escuelas públicas y de la Universidad Autónoma a los que se les negará el derecho a la educación e instrucción, además de inyectar en el tuétano de la sociedad tan elevada dosis de frustración y desencanto.
¿Para qué ha servido el sacrificio fiscal que ha significado cumplir con el 4% de la educación, si el poderoso gremio de maestros impide o intenta mediatizar las necesarias reformas docentes y administrativas que requiere el sector?
La universidad estatal ha quedado atascada en la telaraña del tiempo y de los intereses grupales económicos y políticos, muy alejada del ideal de excelencia en la docencia, investigación y extensión que requiere y merece una sociedad deseosa de dar el gran salto hacia adelante.
En vez de contribuir al relanzamiento de la Alma Mater sus gremios de profesores se lanzan como buitres sobre su lacerado cuerpo para engullirse lo que queda de la migaja presupuestaria que se dispendia por todo el campus universitario. La sociedad ni la comunidad discente merecen sufrir tantos flagelos a causa de desmedidas ambiciones políticas y económicas de sindicatos profesorales.

