Opinión

EDITORIAL: El amor y el interés

EDITORIAL: El amor y el interés

El posible asesinato dentro del consulado de Arabia Saudita en Estambul del periodista Jamal Khashoggi ha conmocionado a la comunidad internacional que reclama sanciones contra el reino saudí, cuyos agentes habrían perpetrado el crimen.
La cadena de televisión CNN reveló que ante la presión mundial, el régimen del príncipe heredero Mohamed Bin Salman, admitiría que el periodista disidente habría muerto durante un interrogatorio practicado por agentes saudíes, cuyas instrucciones serían las de trasladarlo a Arabia Saudita.
El presidente Donald Trump ha dicho que de comprobarse el asesinato de Khashoggi en el consulado saudí de Estambul, aplicaría un “severo castigo” al gobierno de Riad, pero luego ha señalado que no revocaría la orden de venta de armamentos a ese gobierno por valor de 110 mil millones de dólares.
Arabia Saudita es el principal suplidor de petróleo de Estados Unidos y socio estratégico en el Medio Oriente, especialmente en lo referido a las sanciones contra Irak y al conflicto entre Israel y Palestina. Aquí se cumple la historia aquella sobre el amor y el interés.

EDITORIAL II

Camino de temeridad

La Constitución de la República garantiza el derecho a huelga, paros y protestas, con excepción de actividades definidas como de orden público, como transporte, educación y salud, ordenamiento, que nunca se ha cumplido, por lo que lo más que se puede pedir es que cualquier iniciativa de esa naturaleza se realice de manera pacífica.
Los convocantes a esos paros y huelga tienen la obligación de respetar el derecho ajeno al libre tránsito o a abrir, sus negocios o acudir a sus centros laborales o de estudios, porque lo que es para unos también obra para los otros, especialmente cuando se refiere al cumplimiento de la ley.
Corresponde a las autoridades preservar el orden público y, obviamente, garantizar el derecho a la protesta pacífica, lo que quiere decir que quienes desean participar en huelgas o paros, pueden hacerlo, con la misma jerarquía de los que decidan rechazar esos métodos de lucha.
La racionalidad y el buen juicio son dones de restringido uso, lo que motiva que una parte del liderazgo político y social prefiera el camino de la temeridad antes que promover un tipo de diálogo serio y responsable.

El Nacional

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