Imposible ocultar o archivar la madeja de reclamos sociales o de postergar el abordaje de problemas nacionales que requieren urgente solución, pero debería entenderse que la ciudadanía merece un descanso o receso en el áspero debate político que dé paso a un breve espacio de armonía, paz y concordia navideña.
La gente se afana para que los suyos disfruten, aun sea mínimamente, de las festividades de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo, para lo cual se requiere promover optimismo, esperanza y solidaridad, valores incompatibles con el pesimismo que se mercadea desde litorales políticos o las frustraciones infligidas desde el ámbito oficial.
La situación económica, política, social e institucional de República Dominicana no es tan mala como pregona la oposición ni tan buena como dice el Gobierno, por lo que siempre es necesaria la discusión sobre lo que está bien o lo que está mal, si se sustenta en el deseo de promover lo positivo y condenar lo negativo.
En esta era digital en que las redes sociales no descansan, difícil sería solicitar al liderazgo nacional que conceda una tregua política a la población, pero vale la pena intentar solicitar que se permita a los ciudadanos respirar los aires navideños.
A la clase política le conviene acogerse a una pausa o un descanso durante las festividades de Navidad y Año Nuevo, que sería muy útil para la reflexión y también para que sus líderes y dirigentes dediquen tiempo y atención a sus familias y relacionados. Dicen que la Navidad no se le niega a la Navidad.

