Opinión

Eduardo Peña

Eduardo Peña

El pasado lunes, al arribar a las oficinas de Relaciones Públicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), recibí la infausta noticia de que un gran hombre se nos había ido.

Se trataba del deceso de un ejemplo de entrega total a su pueblo, protector de su familia y un aliado incondicional de las mejores causas sociales de nuestra patria.

Me refiero a don Eduardo Peña, progenitor de mis grandes camaradas del Movimiento Popular Dominicano (MPD) y el Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS), los simpares amigos Fernando, Frank y Raisa Peña Segura.

Ese excepcional hombre era capaz de desafiar cualquier peligro para defender el derecho de sus hijos a expresar sus sentimientos ideológicos y luchar por el advenimiento de una nueva sociedad donde no se abusara del ser humano.

Quienes militábamos en los movimientos políticos y sociales de la República Dominicana, sentíamos orgullo y admirábamos a Fernando, Frank y Raisa por tener en Don Eduardo y su madre, los soportes para profundizar su lucha en los difíciles doce años de la dictadura de Joaquín Balaguer.

Siempre he afirmado que eran escasos los padres que -como don Eduardo- se identificaran con las acciones ideológicas de sus vástagos, tal como él lo hacía.

A sabiendas de los riesgos, bajo ninguna circunstancia abandonaba su incondicional soporte a sus causas.
Fue un ejemplo.Llegó –inclusive- a desafiar a los integrantes de los “equipos” de matones de la Policía Nacional que se internaban en los diferentes barrios de la capital y el interior del país para asesinar a los jóvenes con inquietudes revolucionarias o democráticas.

Sin lugar a dudas, la patria ha perdido un ejemplo de honestidad y de entrega a la defensa de los Derechos Humanos.

¡Paz a sus restos!

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación