Señala la historia que los griegos y los romanos han escrito y dejado ejemplo de incorruptible integridad, como aportación moral y espiritual a la humanidad.
El gran Arístides, por las acciones de su vida ceñida a la honradez, fue llamado El Justo, Mario Curio siendo cónsul en Roma fue vencedor de los Samitas, y luego le enviaron hombres con el objeto de sobornarlo con dádivas, y al ver a éste en una modesta casita preparando nachos para comer, le ofrecieron una inmensa cantidad de dinero y él les respondió: Por la frugalidad en que vivo, pueden ver ustedes lo poco que necesito. Prefiero ser conquistador de pueblos ricos a poseer riqueza, pues yo, que no había sido vencido por las armas, no podía serlo con el dinero.
En una ocasión le preguntaron a Aristóteles: ¿Qué gana un hombre con decir una mentira? Él respondió: Que nadie le crea cuando dice la verdad.
En la historia de Estados Unidos se destaca la veracidad de un niño de pocos años que después fue un grandioso hombre y se relata que su padre vio en el jardín de su casa que alguien había destrozado el tronco de un hermoso cerezo. El padre, lleno de cólera, llamó a sus hijos y a los criados para indagar cuál de ellos había realizado esa aquella acción indebida. Uno de los niños se adelantó y dijo: Padre, yo no quiero mentir, lo hice yo con mi hachuela.
Ese niño se llamaba George Washington, quien fue más tarde el libertador de su patria, fundador y primer presidente de la República. Por su honestidad y rectitud, su nombre es objeto de inmensa veneración.
Un célebre pensador dijo: Rico es el hombre que vive con lo que gana, que a nadie debe y está contento con su suerte. Y otro refería: El corazón y no el dinero es lo que hace rico al hombre, ya que la verdadera riqueza consiste en lo que uno es y no en lo que tiene. Y Salomón dijo: Más vale el buen nombre que las malas riquezas.
Otro ejemplo que tenemos es la respuesta que ofreció el general Cayo Fabricio a Pirro el Macedonio, rey de Epiro, cuando, por encargo del Senado de Roma, fue a tratar con él sobre la paz y el rescate de prisioneros. El rey sabía que Fabricio era muy pobre, recibiéndole con agasajos, tratando de inducirle a que aceptase condiciones desventajosas para Roma, ofreciéndole en cambio grandes riquezas. Fabricio rechazó la oferta diciendo: Si yo codiciase dinero podía haberme enriquecido con el botín de las batallas que he ganado, y continúo así. ¿Qué ejemplo daría yo a mis conciudadanos si ahora aceptase el oro y la plata que me ofrecéis? No, guardad nuestro tesoro que yo prefiero mi pobreza y mi reputación.
En San Cristóbal tenemos muchos ejemplos de probidad y firmeza. Voy a citar solo uno, el doctor José Francisco Rodríguez Ferreira, juez de paz en el Este, trasladado a Primera Instancia en San Cristóbal. Luego fue presidente de la Corte de Apelación. Era noble y bueno, y jamás aceptó regalos de nadie, ni tampoco dádivas, y fue tan honesto que, cuando cobraba sus cheques los días 25, los firmaba y los entregaba a un amigo que prestaba dinero, para gastos familiares. La biblioteca de la Corte Penal ostentará su nombre. ¡Sigamos estos valerosos ejemplos!.

